Ning�n asesor de imagen o mentor art�stico podr�a haber ideado combinaci�n de onom�stica y apellido m�s ideal: Linda Evangelista. La joven portaba de cuna un family name arm�nico y rotundo, inolvidable si adem�s has nacido en la elegante, boscosa y ancha Canad�, eres una belleza camale�nica e inenarrable y te vas a convertir en un mito de las pasarelas y las covers a perpetuidad. Al irrumpir en el mundo de la moda en los 80 y principios de los 90, muchos espa�olitos del baby boom pensaron que proced�a de la estirpe de un p�gil que puso contra las cuerdas a Cassius Clay. Pero no, Linda no entroncaba con el popular boxeador hispanouruguayo Alfredo Evangelista. Era hija de un trabajador de la General Motors y de una contable en una firma de joyas que hicieron las maletas como emigrantes desde el Lacio italiano, de ah� tan cat�lico apellido.

La fe cristiana, adem�s, tapiz� aquel hogar en Saint St. Catharines, a s�lo 20 minutos en coche de las cataratas del Ni�gara, si bien no result� circunstancia atenuante para que aquella ni�a de nariz de Cleopatra bajo mirada gatuna y verdosa se dedicara al modelaje desde temprana edad. Contaba solo 12 a�os cuando aprendi� a pisar con aplomo y proyectar horizontes. Con la mayor�a de edad en el bolsillo, se present� al certamen Miss Teen Niagara, donde gan� tras perder. Pas� inadvertida para todo el front row menos para un cazatalentos de la agencia Elite de Nueva York quien la reclut� para la jungla de la Gran Manzana.Aquel scouting supuso el primer hito en una biograf�a trufada de glosario glamuroso y poli�drico. Se transform� en la musa absoluta del fot�grafo Steven Meisel (�recuerdan el extraordinario libro Sex de Madonna?), la admiramos en v�deoclips de George Michael (el g�spel Freedom 90! y la discotequera Too Funky), fue feliz con aquel actor lynchniano que indagaba qui�n mat� a Laura Palmer (Kyle MacLachlan) y sobre todo fue supernova en el momento m�s rutilante de la galaxia fashion. Para la historia, su foto en esplendoroso blanco y negro en Nueva York al lado de Cambpell, Turlington, Crawford y Patitz frente a la c�mara de Peter Lindbergh. Sobreven�a la era de las supermodels.Para Karl Lagerfeld ella representaba "un Stradivarius, la mezcla perfecta de agresividad, encanto y dulzura". Para el resto de los mortales, era un crisol donde se fund�an androginia, ins�lita fotogenia, belleza y un expresividad enigm�tica y glamurosa fuera de todo canon. Todo ocurri� en 15 a�os, entre 1983 y 1998, en los que le dio tiempo a cortarse el cabello a lo pixie y redimensionar su imagen (cancelaciones de desfiles incluidas), ser declarada la mejor modelo de todos los tiempos para gran parte del gremio y cincelar una cita que se ha cosido a su biograf�a: "No me levanto de la cama por menos de 10.000 d�lares".En 1989, en una fiesta con Naomi Campbell, la editora de moda Polly Mellen y Christy Turlington.Avedon, Penn, Saint Laurent, Scavullo, Dior, Chanel, Valentino, Blahnik, De la Renta... La moda era ella. Fuera Revlon, Chlo� o Moschino. Con el pelo platino o en rojo technicolor. Con ese aura de p�rfida supervillana de James Bond enhebrada a una profesionalidad intachable, lejos de excesos o combustibles ilegales. Y siempre con un criterio que agregaba matices en cada shooting en cuestiones de tiros de c�mara, iluminaci�n, maquillaje, atm�sfera. Diosa entronizada por Versace, protagoniz� m�s 700 covers en publicaciones como L'Officiel, Vogue en todas sus ediciones, Harper's Bazaar, Time, Newsweek, Rolling Stone, Elle...En lo personal, se cas� en 1987 con Gerard Marie, due�o de la agencia Elite Management. Luego supimos que el mandam�s ten�a la mano asquerosamente larga y que Linda cauteriz� las heridas con el referido MacLachlan. Con el repeinado actor estuvo seis a�os, antes de emparejarse con Fabien Barthez, ic�nico guardameta de la selecci�n francesa de f�tbol campeona del mundo en 1998, con un magnate de italiano de los hidrocarburos, y volver a pasar por el altar con un mediocre piloto de Formula 1, Paolo Barilla, cuyo apellido les sonar� a un imperio de macarrones y espaguetis del que es amo y se�or.Siempre quiso ser madre y el deseo se cumpli�, postrero, por v�as insospechadas. El megamillonario franc�s Fran�ois-Henri Pinault, heredero del entramado de lujo Kering, hizo un alto en el camino en su matrimonio con Salma Hayek para enmara�arse en su vida. Fruto de aquel romance naci� Augustin James en 2006. No fue reconocido en un principio, y el litigio fue carnaza apetitosa envuelta en papel cuch�. A d�a de hoy -padre, madre, hijo y madrastra- mantienen una inesperada relaci�n estupenda. Espor�dicamente, su nombre vuelve a primera fila. En 2025, con motivo del 50 aniversario de Zara, Marta Ortega propici� que Evangelista dise�ara una bata /abrigo de cachemir para honrar el cumplea�os de la marca gallega junto a dise�os de otros 50 talentos. Adem�s, volvi� a posar para Meisel, en un tributo con elipsis temporal y reencuentro. Superados serios reveses de salud y de quir�fano -desde c�ncer de mama hasta nefastas operaciones est�ticas que la desfiguraron- Evangelista repliega velas, reposo de la guerrera a los 61 a�os: "Estoy muy feliz de estar viva. Todo lo que venga ahora es un bonus".