Sucedió porque en aquellas décadas todo parecía posible: los peinados con volumen, los vaqueros de tiro alto y ver en la tele cómo caía el Muro que había dividido Europa durante más de veinte años. Entre todo aquel jaleo el mundo se quedó con los apellidos Evangelista y Campbell y podían asociarlos con unas caras que no pasaban desapercibidas. Fue la era de las hombreras, la delgad...
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ez extrema y la llegada del grunge, que lo desbarajustó todo con Kate Moss, John Galliano y Alexander McQueen y su rebeldía con causa. Parecía que se permitía la rebeldía y el orden. En medio de esa efervescencia cultural, el concurso Look of the Year era como un pasaporte al estrellato a aquellas que querían empezar una carrera en la industria de la moda en su época dorada.
Creado en 1983 por John Casablancas, fundador de la agencia Elite Model Management, el concurso se convirtió rápidamente en la cantera de las futuras top models, esas mujeres que no solo protagonizaban campañas publicitarias, sino que encarnaron el espíritu de toda una década. Ellas, como embajadoras de su propia firma, crearon un modo de vida bajo su etiqueta de supermodelos que todo el mundo quería replicar. Cindy Crawford, Linda Evangelista, Naomi Campbell o Inés Sastre son solo algunos de los nombres que dieron sus pasos gracias a esta plataforma que, de forma imparable, iba definiendo año a año las caras que marcarían las portadas y campañas mundiales.






