Casi como una secuela volc�nica, Naomi Campbell relev� a la divina Iman en la cuota de la diversidad. Incluso lleg� mucho m�s lejos, al convertirse en la primera modelo negra en inmortalizarse en la portada de la edici�n british de Vogue en agosto del 88. Hizo retru�cano poco despu�s, pero en la versi�n francesa. Ayud� que su �ntimo mentor, Yves Saint Laurent, amenazara con boicotear a la publicaci�n si se segu�a negando a la inclusi�n en la cover de una modelo lejos del canon cauc�sico... "Existen prejuicios. Es un problema y ya no puedo seguir aceptando que se esconda bajo la alfombra", espetaba a un cronista de The Guardian en 1997. Para aquel entonces, ya hab�a montado campo base en el Olimpo junto a sus colegas occidentales o "familia elegida", como le gustaba referir. Solo se agarr� de los pelos con su archienemiga Tyra Banks. Porque la Campbell form� (y forma) parte del mayor dream team de la historia de la moda, cuando las revistas a�n eran fragante papel estucado y portadas con golpe seco. Como room mates,Evangelista, Crawford, Schiffer, McPherson, Christensen, Turlington... y luego su querida Kate Moss, incluso Carla Bruni. Todas grabaron ese membrete m�gico y exclusivo llamado supermodels, pero la Campbell supuso la rosa rara m�s salvaje de toda la sarta. La rebelde e inestable, que se liaba a guantazos y humillaciones con su propio s�quito; la bell�sima expresi�n de la pulsi�n y el contraste, con postizos, lentillas, mil pelucas; la que fuera confidente de Nelson Mandela y la novia de un chulazo panz�n y machista de la F�rmula 1 (�recuerdan a Briatore?); la del velo y el crucifijo en el pecho en el velatorio de Gianni Versace en un Duomo de Mil�n convertido en videoclip. Venerada hoy a sus 56 a�os, madre de dos criaturas subrogadas, coleccion� parejas y escandaleras, bajones emocionales y m�ticas producciones.