Carlo Giuliani había nacido en Génova el 14 de marzo de 1978. Creció en una familia donde el compromiso político y sindical formaba parte de la vida cotidianaHay fotos que resumen una época y otras que, con el paso del tiempo, se transforman en un símbolo imposible de olvidar. Una de ellas muestra a un joven con el rostro cubierto, inclinado sobre un matafuegos que acaba de levantar del suelo, frente a una camioneta Land Rover Defender rodeada por manifestantes. Apenas unos segundos después, ese muchacho caería mortalmente herido por un disparo efectuado desde el interior del vehículo policial. Luego, en medio del caos, el mismo móvil pasaría dos veces sobre su cuerpo mientras intentaba escapar de una multitud que lo atacaba. El joven se llamaba Carlo Giuliani. Tenía 23 años.Su muerte, ocurrida el 20 de julio de 2001 en la Piazza Alimonda de Génova, dejó una marca indeleble en la historia política italiana y convirtió a la cumbre del G8 de aquel año en uno de los encuentros internacionales más controvertidos de las últimas décadas. PUBLICIDADLas imágenes dieron la vuelta al mundo en cuestión de horas y abrieron un debate que todavía hoy continúa: ¿actuó el carabinero que disparó en legítima defensa o existió un uso desproporcionado de la fuerza? ¿Fue una tragedia inevitable en medio del descontrol o el resultado de un operativo policial mal planificado? Las respuestas siguen generando posiciones encontradas.Lo que nadie discute es que aquellos tres días de julio transformaron para siempre la relación entre los movimientos antiglobalización, las fuerzas de seguridad y los gobiernos europeos. Para comprender cómo se llegó a ese desenlace es necesario retroceder algunos años y conocer quién era ese joven que, casi por decisión de último momento, terminó participando de una protesta que cambiaría la historia contemporánea de Italia.PUBLICIDADCarlo Giuliani fue asesinado por un joven carabinieri durante las protestas antiglobalización por el encuentro del G8 de Génova en el 2001Carlo Giuliani había nacido en Génova el 14 de marzo de 1978. Creció en una familia donde el compromiso político y sindical formaba parte de la vida cotidiana. Su padre, Giuliano Giuliani, era un reconocido dirigente de la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL), mientras que su madre, Haidi Gaggio, desarrollaba una intensa actividad social y política. Las discusiones sobre derechos laborales, desigualdad y participación ciudadana eran habituales en su hogar.Sin embargo, quienes lo conocieron coinciden en que Carlo no era un militante orgánico de ningún partido político. Había cursado distintos estudios, desempeñado trabajos ocasionales y, como muchos jóvenes italianos de finales de los años noventa, encontraba en el naciente movimiento antiglobalización un espacio de participación más amplio que las estructuras tradicionales de la política. Frecuentaba a integrantes de las Tute Bianche (Túnicas Blancas), un movimiento que impulsaba formas de protesta directa y desobediencia civil, aunque no figuraba formalmente como dirigente ni portavoz del grupo.PUBLICIDADEl cambio de siglo encontró al mundo inmerso en un intenso debate sobre la globalización económica. Las reuniones del G8 -integrado entonces por Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Rusia- se habían convertido en un blanco permanente de organizaciones sindicales, ambientalistas, pacifistas y movimientos sociales que denunciaban el aumento de la desigualdad, el peso de las corporaciones multinacionales y el impacto de las políticas económicas impulsadas por los países más desarrollados.Las protestas ya habían tenido capítulos resonantes en Seattle, Praga y Quebec. Pero ninguna alcanzaría la dimensión de Génova. Italia desplegó uno de los mayores operativos de seguridad de su historia reciente. Miles de policías y carabinieri fueron movilizados para custodiar la ciudad, mientras el casco histórico fue transformado en una “zona roja”, completamente cercada por vallas metálicas y accesible únicamente para residentes y personal autorizado. La medida buscaba garantizar la seguridad de los líderes mundiales, pero también generó un fuerte clima de tensión entre los habitantes de la ciudad y los miles de manifestantes que llegaban desde distintos países.PUBLICIDADLa figura de Carlo Giuliani fue tomada como bandera de los movimientos antiglobalizaciónDurante los días previos comenzaron a registrarse incidentes aislados. Las autoridades advertían sobre la posible infiltración de grupos violentos, entre ellos sectores identificados como Black Bloc, mientras los organizadores de las marchas insistían en que la inmensa mayoría de las movilizaciones serían pacíficas.El viernes 20 de julio estaba prevista la principal manifestación. Paradójicamente, Carlo Giuliani no tenía decidido participar. Según relatarían posteriormente familiares y amigos, comentó que probablemente aprovecharía la jornada para ir a la playa. Pero durante la mañana comenzó a seguir las noticias por televisión. Los primeros informes hablaban de fuertes controles policiales y de la posibilidad de que muchas personas desistieran de asistir por temor a incidentes. Fue entonces cuando cambió de idea. Pensó que la movilización perdería fuerza y decidió sumarse. Tomó una mochila y salió rumbo al centro de Génova. Nunca regresaría.PUBLICIDADDesde temprano la tensión fue creciendo. Mientras decenas de miles de personas marchaban por distintos sectores de la ciudad, comenzaron a producirse enfrentamientos entre grupos radicalizados y las fuerzas de seguridad. Se levantaron barricadas, ardieron automóviles y se registraron ataques contra sucursales bancarias, comercios y edificios públicos. Los carabinieri respondieron con gases lacrimógenos, carros hidrantes y cargas para dispersar a los manifestantes.En ese contexto extremadamente cambiante, un grupo de carabinieri terminó replegándose hacia la Piazza Alimonda. Lo que ocurrió allí sería reconstruido posteriormente por videos, fotografías, testimonios y pericias judiciales. Según los registros aceptados por los tribunales, varios vehículos policiales quedaron momentáneamente aislados mientras un grupo de manifestantes los rodeaba y comenzaba a lanzar piedras, maderas y otros objetos contundentes. PUBLICIDADUno de esos móviles, una Land Rover Defender, quedó prácticamente inmovilizado entre la multitud. En su interior viajaban tres carabinieri, entre ellos el joven Mario Placanica, un carabinero auxiliar de apenas veinte años que llevaba poco tiempo de servicio y había sido desplegado en Génova en el marco del enorme operativo de seguridad organizado para la cumbre.Carlo Giuliani de musculosa blanca antes de morir durante la protestaEn los segundos siguientes, la escena quedó registrada por decenas de cámaras. Y esas imágenes, analizadas cuadro por cuadro durante años por investigadores, jueces, periodistas y peritos, terminarían convirtiéndose en una de las secuencias más estudiadas de la historia judicial italiana. La escena que se desarrolló en la Piazza Alimonda duró apenas unos segundos, pero sus consecuencias se prolongaron durante años.PUBLICIDADAtrapada entre una multitud cada vez más agresiva, la Land Rover Defender de los carabinieri se convirtió en el centro de una situación límite. Desde afuera llegaban golpes, piedras y objetos lanzados por algunos manifestantes. En el interior del vehículo, los tres agentes intentaban protegerse mientras buscaban una salida. Entre ellos estaba Mario Placanica.En medio de la tensión, Carlo Giuliani apareció detrás del vehículo. Las imágenes tomadas por fotógrafos y cámaras de televisión muestran al joven con el rostro cubierto por un pañuelo, levantando un matafuegos que había encontrado en el suelo y acercándose hacia la parte posterior de la camioneta. Ese momento se convirtió en la imagen más conocida de aquellos días. Segundos después, desde el interior del vehículo, Placanica efectuó dos disparos. Uno de los proyectiles impactó en Giuliani. El joven cayó herido sobre el asfalto.PUBLICIDADA continuación ocurrió otro episodio que aumentó todavía más la polémica: la camioneta realizó una maniobra marcha atrás y pasó por encima del cuerpo de Giuliani antes de retirarse de la plaza. Carlo murió allí. La noticia se propagó rápidamente por Génova y por el mundo. Lo que hasta ese momento había sido una jornada de enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad se transformó en una crisis política internacional.Los gobiernos que participaban del G8 expresaron preocupación y pesar, aunque también señalaron que los grupos violentos habían contribuido a desencadenar la escalada de violencia. Dentro de Italia, el debate fue mucho más profundo: mientras algunos sectores defendieron la actuación del carabinero como una respuesta desesperada ante un peligro real, otros denunciaron que la muerte de Giuliani era consecuencia de un operativo policial mal diseñado y de una gestión caótica del orden público.Los gobiernos que participaban del G8 expresaron preocupación y pesar, aunque también señalaron que los grupos violentos habían contribuido a desencadenar la escalada de violenciaLa investigación judicial sobre la muerte de Carlo Giuliani se convirtió desde el primer momento en un campo de disputa. Mario Placanica fue investigado por homicidio, pero la fiscalía italiana concluyó que había actuado en una situación de legítima defensa. La versión aceptada por los investigadores sostuvo que el carabinero disparó para protegerse ante el ataque de los manifestantes y que la trayectoria del proyectil había sido alterada, por lo que no habría apuntado directamente contra Giuliani. Entonces, la causa fue archivada.El conductor de la camioneta también fue investigado, pero la Justicia determinó que no podía ser acusado de homicidio porque, según la reconstrucción judicial, Giuliani ya había fallecido cuando el vehículo pasó sobre su cuerpo. Sin embargo, esa explicación nunca convenció completamente a la familia de la víctima.Sus padres, Giuliano y Haidi, sostuvieron durante años que la investigación no había respondido todas las preguntas y cuestionaron distintos aspectos de las pericias. Para ellos, la reconstrucción oficial no explicaba adecuadamente algunos elementos del caso, entre ellos la dinámica exacta del disparo y las circunstancias posteriores. La controversia también alcanzó al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. La familia llevó el caso a Estrasburgo alegando que Italia había violado el derecho a la vida de Carlo, que la organización del operativo policial había sido deficiente y que la investigación posterior no había sido eficaz.En marzo de 2011, la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos dictó sentencia en el caso Giuliani y Gaggio contra Italia. Por mayoría, concluyó que no había existido una violación del derecho a la vida respecto del uso de la fuerza letal, al considerar que el disparo podía estar justificado en las circunstancias concretas del momento. También consideró que no había quedado demostrada una violación por la planificación general del operativo ni por la investigación realizada.Un mural en Génova recuerda a Carlo GiulianiLa resolución no cerró el debate político ni social. Para quienes apoyaban la actuación policial, la sentencia confirmó que Placanica había enfrentado una amenaza concreta. Para los que cuestionaban el accionar del Estado, el fallo no respondió todas las dudas sobre la gestión del operativo del G8 ni sobre las responsabilidades políticas. Porque la muerte de Carlo Giuliani era solo uno de los episodios de unas jornadas que quedarían marcadas por graves denuncias de violencia estatal.Mientras la causa por la muerte de Giuliani avanzaba por un camino judicial propio, otros episodios ocurridos durante el G8 de Génova terminarían con condenas contra miembros de las fuerzas de seguridad. Uno de los más recordados fue el ingreso policial a la escuela Armando Díaz, donde funcionaba un centro de coordinación y descanso para manifestantes. La noche del 21 de julio de 2001, efectivos irrumpieron en el edificio y golpearon a numerosas personas que se encontraban allí. Decenas de manifestantes resultaron heridos y varios denunciaron malos tratos.Otro episodio ocurrió en el cuartel de Bolzaneto, donde detenidos durante las protestas denunciaron torturas, humillaciones y abusos por parte de agentes estatales. Años después, tribunales italianos condenaron a varios funcionarios por aquellos hechos, aunque muchas de las penas no tuvieron el impacto esperado debido a los tiempos judiciales y a la legislación italiana vigente en ese momento. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos también intervino posteriormente en casos relacionados con aquellos episodios y consideró que existieron violaciones graves de derechos fundamentales.Después de su muerte, el nombre de Carlo Giuliani se transformó en una bandera. Para los movimientos de izquierda y antiglobalización, pasó a representar la resistencia frente a lo que consideraban un modelo económico injusto y una respuesta estatal excesiva frente a la protesta social. En Italia y otros países europeos, su rostro apareció durante años en pancartas, murales y homenajes.Su familia mantuvo viva su memoria. Su madre, Haidi Giuliani, se convirtió en una figura pública vinculada a la defensa de los derechos humanos y llegó incluso a ocupar una banca en el Senado italiano. Pero la figura de Carlo también continuó generando controversias. Para algunos sectores, la imagen de un hombre desarmado frente a la camioneta policial representa la brutalidad del Estado. Para otros, la escena muestra un momento extremo en el que un agente joven reaccionó ante una amenaza concreta dentro de un contexto de violencia generalizada.Su caso no terminó con una condena penal contra un responsable directo. Como se mencionó, la Justicia italiana archivó la causa contra Mario Placanica y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos avaló esa conclusión en relación con el uso de la fuerza. Pero la ausencia de una condena no eliminó la discusión histórica sobre lo ocurrido aquel día.