La concentración de supermercados en áreas concretas de las grandes ciudades modifica los hábitos de alimentación de las familias y favorece un aumento del consumo de ultraprocesados. Un informe del Instituto de Investigación Urbana de Barcelona (IDRA) y coordinado por AMcoop - Escola de Mobilitat Sostenible, señala que las decisiones de compra de alimentos de las familias del Área Metropolitana de Barcelona raramente dependen únicamente de las preferencias personales. La capacidad económica, el tiempo y, sobre todo, la oferta alimentaria a la que tienen acceso son los principales factores determinantes.La consolidación del supermercado como principal canal de compra alimentaria en las grandes ciudades ha contribuido a este cambio en el consumo. En los últimos treinta años, el consumo de los alimentos ultraprocesados se ha triplicado en todo el país. En Catalunya, la presencia de este modelo comercial es clara y transversal: el 97% de la población vive cerca de un supermercado y estos establecimientos representan el 75% del total de las ventas de alimentación. Además, la provincia de Barcelona reúne el 69% de los supermercados catalanes, que se concentran, principalmente, en el AMB y el litoral.La renta y la falta de oferta, principales factores de desigualdad en el acceso a productos saludables y frescosAunque a simple vista puede parecer que el acceso a productos saludables y frescos está garantizado, Adrià Rodríguez, director del informe Entre el Camp i la Taula e investigador de IDRA, advierte que la renta sigue siendo una barrera de acceso a este tipo de productos en el AMB. Es lo que el informe denomina un “espejismo alimentario”. “Hay zonas de la ciudad que tienen garantizado el acceso a este tipo de productos, pero que no se los pueden permitir”, explica Rodríguez.Entornos alimentarios y desigualdad en el AMB. Institut MetropoliAdemás, este fenómeno se agrava ante la elevada presencia de establecimientos de comercios que venden productos ultraprocesados o cadenas de fast food. Según este investigador, este tipo de negocios está presente en gran parte del territorio y, concretamente, en zonas de la ciudad con una alta presión turística.El 88,65% de la población del área metropolitana de Barcelona vive en secciones censales con cuatro o más establecimientos de alimentos poco saludables en un radio de 400 metros. Institut MetropoliLa desigualdad también se manifiesta en sentido contrario. Hay barrios que, a pesar de disponer de una renta suficiente para adquirir productos saludables, una parte de la población se ve obligada a desplazarse para adquirir productos saludables y frescos, debido a la falta de establecimientos cercanos que los ofrezcan.Cuando vamos a comprar a un supermercado estamos rodeados de producto ultraprocesado”Adrià RodríguezDirector del informe “Entre el Camp i la Taula” e investigador de IDRAA pesar de ello, Rodríguez señala que existe otra variable que también influye en el proceso de decisión. “Las grandes superficies convierten la escasez de tiempo en un nicho de mercado”. “Cuando vamos a comprar a un supermercado, estamos rodeados de producto ultraprocesado”. Si uno va a hacer la compra con un tiempo limitado, porque debe ir a recoger a los niños a la escuela o debe ir rápido a trabajar, es muy probable que termine escogiendo opciones menos saludables.El informe también expone lo que identifica como “desiertos alimentarios”. Es decir, zonas que cuentan con una presencia mínima o inexistente de establecimientos que ofrezcan alimentos frescos y saludables, donde al menos el 30% de la población vive por debajo del umbral de pobreza. Es el caso de Vallbona, Torre Baró, Baró de Viver o la Mina.Los españoles consumen el doble de carne que hace cincuenta añosPor otro lado, en los últimos cincuenta años se ha duplicado el consumo de carne. Rodríguez también señala el papel clave que han tenido los supermercados en esta tendencia, que concentran más de la mitad del mercado de carne (54,1%) de todo el país. Según el último informe anual del consumo alimentario en España del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, los españoles consumen 41,64 kilos por persona al año.“Nos situamos dos veces por encima de los límites que marca la Organización Mundial de la Salud”, afirma Rodríguez. Los jubilados son el grupo social que más carne compra, con el 24,37% del total, seguidos por los hogares conformados por parejas con hijos (18,92%) y las parejas adultas sin hijos (13,61%).Asimismo, en el consumo de carne vuelve a aparecer el factor de la renta. Una familia de renta baja come 23 kilos por persona al año más que una de renta alta. Las familias con ingresos reducidos consumen 57,17 kilos por persona —15,53 kg más que la media—, mientras que los hogares con rentas altas se sitúan en los 34,45 kilos —7,19 kilos menos que la media—. Catalunya se sitúa en la segunda posición en el consumo de carne —con el 16,91% del total del consumo— tan solo cuatro centésimas por debajo de Andalucía.El precio de los alimentos ha aumentado un 34% desde 2020El informe señala que el aumento general del precio de la vida afecta directamente a la cesta del supermercado semanal de muchas familias. Desde 2020, el precio de los alimentos ha aumentado un 34% en todo el país, especialmente en algunos productos básicos como el aceite, la leche y los huevos. Además, el presupuesto familiar en la alimentación representa un 23% del gasto familiar total de las familias del AMB —al que se suma el elevado precio de la vivienda—, un 7% más que la media del conjunto de Catalunya.El informe incluye una decena de propuestas para revertir la tendencia de consumo y fomentar la compra de alimentos saludables. “Hacen falta políticas estructurales”, asegura Rodríguez. Entre otras, el informe propone aplicar políticas de etiquetaje para hacer visibles los productos ecológicos —y a su vez señalar los más contaminantes o poco saludables—, desarrollar una tarjeta universal para garantizar una compra saludable y universalizar los menús escolares.El informe incluye una decena de propuestas para revertir la tendencia de consumo y fomentar la compra de alimentos saludables. “Hacen falta políticas estructurales”, asegura Rodríguez. Entre otras, el informe propone aplicar políticas de etiquetaje para hacer visibles los productos ecológicos —y a su vez señalar los más contaminantes o poco saludables—, desarrollar una tarjeta universal para garantizar una compra saludable y universalizar los menús escolares.
Rodeados de ultraprocesados: así condicionan los supermercados lo que comemos
Un nuevo informe denuncia que zonas del Àrea Metropolitana de Barcelona no tienen acceso a productos saludables y frescos








