España es uno de los países europeos que está sufriendo mayor inflación en los últimos meses. El IPC se está elevando a ritmos del 3,6% (frente al 2,8% del conjunto de la eurozona) y eso a pesar de ser uno de los países que más ha bajado los impuestos para frenar los precios. Si se elimina esta política fiscal, la subida de precios alcanzó en junio el 4,4%, el segundo peor dato de toda la eurozona, sólo por detrás de Chipre. Esta inflación es consecuencia del intenso crecimiento económico que está experimentando el país, que lleva ya varios años creciendo más del doble que el conjunto de la eurozona. Sin embargo, hay un aspecto de este crecimiento que preocupa al Banco de España y a la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF): los costes laborales unitarios (CLU). Este dato indica el coste en salarios de cada unidad de producto de la economía. Se trata de una medición que aúna la evolución de las retribuciones de los trabajadores en comparación con el ritmo de la productividad. Y lo que está ocurriendo en España es que los salarios están subiendo intensamente para perseguir la inflación, pero con una productividad completamente estancada. Esto provoca una pérdida de competitividad de la economía española de la que están alertando algunos de los principales organismos del país. "Los costes laborales unitarios nominales han experimentado un aumento, en un contexto de moderado crecimiento de los salarios reales y de estancamiento de la productividad", ha señalado la AIReF esta semana. Según sus previsiones, los costes laborales unitarios seguirán creciendo intensamente este año y el próximo, un 3,1% y un 3,3% respectivamente. TE PUEDE INTERESAR El organismo cree que la productividad seguirá experimentando "avances muy modestos" y que los salarios reales se mantendrán contenidos este año y el próximo. En definitiva, se trata de una pérdida de poder adquisitivo derivada de una inflación elevada en España. Los salarios suben, pero no lo suficiente como para mejorar la calidad de vida de los trabajadores, y la productividad estancada genera una pérdida de competitividad. "La economía española ha experimentado una significativa pérdida de competitividad-precio frente al área del euro, en términos de los CLU y, muy especialmente, en términos de los CLU de manufacturas", advierte la AIReF. En la eurozona, la productividad por ocupado apenas ha aumentado un 0,6% desde el inicio de la pandemia hasta ahora, pero en España ha caído un 0,8%. En buena medida, la caída de la productividad por ocupado es consecuencia del auge de las bajas médicas. España ha conseguido un leve avance de la productividad por hora trabajada, algo que es casi inédito en una fase de crecimiento económico y creación de empleo. Pero todo este logro se ha visto contrarrestado por la cantidad de horas de trabajo perdidas. En el último año han faltado a su puesto de trabajo algo más de un millón de personas al día por baja médica. Esto es una pérdida permanente del 4,6% de los ocupados del país, según los datos de la EPA. Tal caída neutraliza las mejoras de la productividad por hora trabajada. TE PUEDE INTERESAR El Banco de España ya alertó hace unos meses del avance de los costes laborales unitarios "por encima de lo observado en la eurozona". En su informe anual señala que se está produciendo un "tensionamiento del mercado de trabajo". Aunque España tiene una tasa de paro todavía elevada en comparación con el resto de Europa, superior al 10%, empiezan a surgir señales de escasez de trabajadores. En concreto, la entidad señala que por cada puesto de trabajo vacante había 77 personas buscando trabajo en el año 2020 y en la actualidad son 33 y "sin que se observen señales de moderación". Además, muchos son parados de larga duración que, por sus cualidades (cualificación, edad, lugar de residencia), son casi inempleables. De ahí que muchas empresas tengan dificultades para encontrar mano de obra y tengan que subir salarios para atraer trabajadores. El problema es que las subidas salariales que no llevan asociadas mejoras de la productividad revierten en un deterioro de la posición competitiva del país. La AIReF señala que, a pesar de esta situación, España todavía no ha perdido cuota en los mercados de exportación. Es cierto que el país logró grandes avances de competitividad en los años de devaluación interna, por lo que cuenta con margen para mejorar ahora los salarios por encima de la productividad. El problema es que, con una inflación casi un punto superior a la europea, la mayor parte de las mejoras salariales no generarán ganancias del poder adquisitivo, pero sí deteriorarán la posición competitiva del país. España es uno de los países europeos que está sufriendo mayor inflación en los últimos meses. El IPC se está elevando a ritmos del 3,6% (frente al 2,8% del conjunto de la eurozona) y eso a pesar de ser uno de los países que más ha bajado los impuestos para frenar los precios. Si se elimina esta política fiscal, la subida de precios alcanzó en junio el 4,4%, el segundo peor dato de toda la eurozona, sólo por detrás de Chipre.