Ya han pasado cinco años desde el inicio de la crisis inflacionista. En la primavera de 2021, los precios iniciaron su escalada como consecuencia de los continuos cortes del gas ruso hacia Europa. Cinco años después, los salarios en España siguen estando peor de lo que estaban entonces. Según los datos de costes laborales publicados el martes por Eurostat, el salario medio de España todavía sigue un 2% por debajo del nivel del inicio de 2021. En los últimos dos años se ha producido una cierta recuperación gracias a la moderación de la inflación. Pero ha sido insuficiente para reconstruir la capacidad de compra que tenían los trabajadores hace cinco años. En gran medida, la dificultad para recuperar poder adquisitivo ha sido la persistencia de la inflación en España. El crecimiento del consumo (empujado por el empleo, la inmigración y el turismo) ha provocado que España sume ya un año y medio con una inflación superior a la de la eurozona. Este factor ha dificultado que los salarios ganen poder adquisitivo. En términos nominales, la evolución de los salarios en España ha sido similar a la europea, con un incremento del 20,8%. Sin embargo, los salarios reales han caído un 2% porque la inflación ha sido superior, especialmente en los últimos trimestres. Se trata del tercer peor dato de los países de la eurozona. Por detrás de España sólo están Malta e Italia, donde los trabajadores han sufrido una dura caída de sus salarios reales, con un descenso del 5,2 y 7,2%, respectivamente. Estos datos confirman el problema de salarios que vive España. La renta disponible de los hogares ha aumentado más que los salarios gracias a las ayudas y prestaciones públicas, en especial las pensiones. Los salarios más bajos también han subido algo más gracias a las revisiones del salario mínimo interprofesional. En su caso, el verdadero problema está en la precariedad de sus empleos, que les permiten trabajar pocas horas a lo largo del año, ya sea por tener empleos de temporada o jornadas laborales a tiempo parcial. El resultado es que los trabajadores no están percibiendo una mejora de su calidad de vida, lo que está derivando en malestar de la población a pesar de los datos de creación de empleo y de crecimiento del PIB. Sencillamente, la mejoría de la economía no les llega. Y la situación real incluso es más grave, porque estos datos de Eurostat no incluyen el pago del IRPF, que también ha subido intensamente en estos años debido a la progresividad en frío. España es uno de los poquísimos países europeos que no ha querido deflactar el impuesto para evitar una subida de los tipos efectivos que pagan los trabajadores. El salario real no ha mejorado, pero sí su factura con Hacienda. Un estudio que publicó el Banco Central Europeo hace unos meses situaba a España como el segundo país europeo que más había utilizado la inflación para elevar la presión fiscal, sólo por detrás de Chipre. Hay un factor que acelera la capacidad recaudatoria del IRPF: este impuesto en España tiene una gran progresividad, de modo que responde de forma muy contundente ante las subidas de los salarios. Es lo que los economistas llaman una alta elasticidad. Según este estudio, España apenas ha compensado un 30% de la subida del IRPF vinculada a la inflación. Y esta compensación ha venido íntegramente por la parte más baja de la distribución para acompañar a las subidas del SMI. Esto ha provocado, al mismo tiempo, que el impuesto tenga una gran progresividad entre los tramos más bajos, de modo que un trabajador al que le suben el salario un poco por encima del SMI apenas percibe mejora salarial, porque la mayor parte (más del 90%) se la quedan Hacienda y la Seguridad Social. Los grandes países de la eurozona todavía no han conseguido recuperar el poder adquisitivo que tenían los salarios antes de la crisis inflacionista. Alemania está un 1,4% por debajo, y Francia, un 1,9%. Aún así, ambos están un poco mejor que España. Uno de los datos más sorprendentes es que los países del este del continente, que han sufrido una crisis inflacionista más severa, ya han recuperado la capacidad de compra. Destaca especialmente el caso de Lituania, con una mejora que alcanza el 16,8%. Datos por sectores Uno de los motivos que explica el retraso salarial de España está en el sector público. Los trabajadores de las Administraciones Públicas (excluyendo Sanidad y Educación) arrastran una pérdida de poder adquisitivo del 4,7%. En el caso del sector sanitario, el descenso ha sido del 2,8% y en el de los profesores, del 0,6%. En el sector privado, los peores datos son los del sector financiero, con una caída del salario medio del 6,6%. Una cifra muy negativa que contrasta con el crecimiento de los beneficios en el sector durante toda esta crisis inflacionista gracias a la subida de los tipos de interés. El sector manufacturero también sigue deteriorando las condiciones de sus trabajadores a medida que la crisis de la industria se extiende por Europa. El salario medio se ha reducido un 2,6% en estos cinco años en términos reales. Los mejores datos se han registrado en el sector de servicios profesionales, científicos y técnicos. Esto es, servicios de alto valor añadido en los que se ha apalancado buena parte del crecimiento de España. El salario medio en el sector ha subido un 3,5%. También el sector de las agencias inmobiliarias ha registrado una importante mejora retributiva en pleno pico de la crisis de vivienda. El salario real ha subido un 1,8% en gran medida gracias a retribuciones vinculadas a las comisiones por el alto precio de las transacciones inmobiliarias. Los trabajadores se enfrentan ahora a otra crisis de precios sin haber cerrado la brecha de poder adquisitivo que dejó la anterior. El Banco Central Europeo ya ha advertido que la inflación seguirá acelerando durante el verano, por lo que es posible que trunque la recuperación que estaban viviendo los salarios hasta el inicio de la guerra en Oriente Medio. La buena noticia es que el acuerdo de paz podría conseguir que el episodio inflacionista sea corto. Aunque nadie espera ya que los precios vuelvan a caer al nivel que estaban en febrero.