Desde hace unos días ocurren hechos inéditos cuya índole pone patas para arriba varios estereotipados supuestos. Una histórica reivindicación territorial que arrastra el antecedente de una guerra cruel con un país de la OTAN, ha cobrado una fuerza inusitada y de alcance internacional a partir del resultado de un partido de fútbol. Tan increíble como esto. La performance de nuestro equipo representativo ha producido un impacto en el pueblo argentino y sus lejanos alrededores. Se conjugan varios factores para que tal conmoción esté aconteciendo. En primer lugar, la pasión que este deporte despierta en la alicaída alma de los argentinos, una ciudadanía que habla fútbol no bien abre la boca. Desde “no me dio bola” hasta “la clavó en el ángulo” y desde “tocá a un costado” hasta “le pegó en el palo”, el “fobal” está incrustado en la lengua argentina, más allá de que el eventual emisor de la frase poco le importe la práctica del balón pie. En segundo término, el recuerdo del triunfo en la última edición del certamen, cuando nada menos que cinco millones de argentinos homenajearon en las calles a los jugadores, estimuló la enorme expectativa por el logro bicampeonato que hoy puede hacerse realidad.
El valor simbólico de un simple partido de fútbol
Desde hace unos días ocurren hechos inéditos cuya índole pone patas para arriba varios estereotipados supuestos. Una histórica reivindicación territorial que arrastra el antecedente de una guerra cruel con un país de la OTAN, ha cobrado una fuerza inusitada y de alcance internacional a partir del resultado de un partido de fútbol. Tan increíble como esto. La performance de nuestro equipo representativo ha producido un impacto en el pueblo argentino y sus lejanos alrededores. Se conjugan varios factores para que tal conmoción esté aconteciendo. En primer lugar, la pasión que este deporte despierta en la alicaída alma de los argentinos, una ciudadanía que habla fútbol no bien abre la boca. Desde “no me dio bola” hasta “la clavó en el ángulo” y desde “tocá a un costado” hasta “le pegó en el palo”, el “fobal” está incrustado en la lengua argentina, más allá de que el eventual emisor de la frase poco le importe la práctica del balón pie. En segundo término, el recuerdo del triunfo en la última edición del certamen, cuando nada menos que cinco millones de argentinos homenajearon en las calles a los jugadores, estimuló la enorme expectativa por el logro bicampeonato que hoy puede hacerse realidad.














