La deserción es una tendencia que amenaza por imponerse como clima de época. Me refiero a la deserción como sinónimo de abstención, como una forma de no ejercer el derecho de participación ciudadana para actuar sobre la realidad. Quizá sea una consecuencia de la desilusión frente a un sistema que propone incluir a todos, pero no lo logra. O como evolución de una posmodernidad en la que solo interesa lo individual, lejos de cualquier responsabilidad colectiva. El filósofo italiano Franco “Bifo” Berardi, exmilitante comunista en los 70, lo propuso como camino a seguir en su libro Desertemos: “El único comportamiento éticamente aceptable y estratégicamente racional es la fuga, el abandono, alejarse, desertar”. Así se lo explicó a Jorge Fontevecchia: “Tenemos que renunciar a toda hipótesis de superación posible, de nueva totalidad. No habrá totalidad, no habrá superación, solo habrá la posibilidad de escapar al dominio, escapar en el sentido de desertar. El valor a aprender en el futuro es la autonomía, que significa desertar, abandonar”.

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