Desobedecer es necesario. La desobediencia civil, como la huelga, la manifestación o el boicot, son herramientas a nuestra disposición para mostrar desacuerdo con las políticas que nos violentan. Es una desobediencia pública y consciente que asume las consecuencias legales de su ejercicio, el castigo que la ley le impone. La desobediencia civil —un beso desde aquí a Rosa Parks— se lleva a cabo con fines políticos y busca el beneficio de toda la comunidad.PublicidadBien, ahora preguntémonos por qué vivimos en una sociedad donde dicho derecho está borrado de nuestras vidas. Por qué somos nosotras, las personas de lo que llaman "sociedad civil" quienes hemos renunciado a ella.Probablemente se trate de esta realidad que hemos permitido que nos construyan, y también hemos ayudado a construir. Esta sociedad, donde una mayoría de la población, relativamente afortunada, apenas pueden pagar el techo que habita. Digo "relativamente afortunada" porque hay otra gran parte que sencillamente ni puede soñar con tener una vivienda. Son mujeres y hombres que trabajan. Nadie piense en hordas de paro, porque el empleo, según presumen desde el Gobierno, está en su mejor momento.El dinero no lo es todo, por supuesto, pero su falta nos resta autonomía, soberanía personal y capacidad de acción.Deberíamos preguntarnos cómo hemos llegado a este punto, quién nos ha guiado y en qué medida hemos colaborado. Deberíamos mirar a la cara al hecho de que un tipo dedicado a las "desokupaciones" violentas encabece una manifestación contra el presidente Pedro Sánchez. Y también podríamos, de paso, preguntarnos, cuál es el papel del presidente, el papel de todos ellos —Sánchez y sus socios, el ultra Desokupa, el PP, sus equipos y los seguidores de todos ellos—, su papel en el empobrecimiento radical de la población. Todo parte de ese empobrecimiento.Nos da miedo preguntárnoslo, porque tendríamos que admitir una orfandad en la que somos parte activa. Qué pocas manifestaciones hemos visto en los últimos años contra la Ley Mordaza o la Ley de Extranjería, qué poca desobediencia civil por parte de las izquierdas. Nos da pavor pensar en la posibilidad de que lo que llamamos "izquierda" se ha escorado tanto a la derecha que una parte de la población apenas sabe distinguirlas. Yo misma, al escribir estas líneas, sé que recibiré las mismas hostias de siempre: "no seas inconsciente, que peor es lo que viene".PublicidadLo que viene es el infierno, no es la primera vez que lo digo. Temo hasta la médula lo que puede venir; porque, si con lo que hay, he recibido una violencia insoportable en los últimos años, no quiero imaginar el futuro. Toda violencia contra la sociedad y la democracia es peor que cualquier violencia contra el individuo. Lo sé, pero necesito plantearme en qué medida la izquierda y la ciudadanía hemos participado en ello.Cuando llegó al poder, el PSOE de Sánchez volvió a prometer que derogarían la Ley Mordaza. Dicha ley supone un atropello contra varios derechos muy básicos: limita la protesta pacífica, restringe la libertad de expresión y otorga una inaudita discrecionalidad a las fuerzas policiales. Pero Pedro Sánchez no ha cumplido su promesa, como en tantas otras ocasiones otros tantos partidos políticos, y nosotras no hemos hecho nada. Uno de los principales frutos de esa ley es nuestra parálisis. Por eso permanece.La cuestión es cuánto nos dura la indignación, cuándo desaparece y cómo vamos conformándonos con los recortes en nuestros derechos. Porque ahí cedemos nuestra capacidad para intervenir en las políticas que se llevan a cabo, y en las que no. Pero sobre todo, porque dejamos de ver a las izquierdas como herramientas de progreso y defensa de los derechos humanos, dejan de movilizar, forman parte del mismo brazo represor que dicen combatir. Creo que los movimiento sociales necesitan —necesitamos— desamordazarse y desobedecer. Es más: urge. Sale caro, lo sé porque lo vivo en carnes propias. En esta sociedad que no es socialista ni parecido, cualquier voz discordante, cualquier movimiento fuera de lo permitido, paga su precio. Ah, pero lo contrario ya hemos visto qué es. Lo de siempre: obediencia, pobreza y frustración. Estoy hablando de violencia. De su violencia contra nosotras y nosotros.
Urge desamordazarnos y desobedecer
En esta sociedad que no es socialista ni parecido, cualquier voz discordante, cualquier movimiento fuera de lo permitido, paga su precio














