Se cita a menudo la amnistía del general Trasíbulo, en el año 403 a.C. como el gran precedente clásico de esta figura política. Tras derrocar al sangriento régimen de los Treinta Tiranos de Atenas, se acordó “no recordar los males” (que eran muchos, matanzas incluidas) para construir una democracia en paz. Y es sabido (aunque no guste recordarlo) que los sistemas políticos actuales de países como España o Sudáfrica surgieron tras un pacto que incluyó la impunidad de varios de los crímenes cometidos bajo sus dictaduras. Mané Espinosa / ArchivoPor no hablar del conflicto irlandés, con 3.500 muertos entre los años sesenta y noventa del pasado siglo y que implicó la excarcelación anticipada de terroristas de ambos bandos, incluso los condenados por asesinatos múltiples. Para muchos familiares de víctimas, ver salir a la calle a algunos de esos reclusos supuso un dolor insoportable aunque, con el tiempo, varios de ellos se han mostrado reconfortados –en documentales y emotivos actos públicos–, entendiendo que aquel fue el precio a pagar para que no hubiera más atentados. Ellos afrontaron en lo personal un drama absolutamente shakespeariano, lo que el liberal canadiense Michael Ignatieff ha definido como el dilema entre una justicia perfecta y una paz posible.Lo que cabe ponderar en la amnistía son dos cosas: la magnitud de la falta y el valor de la situación resultante del perdónCon estos y otros muchos ejemplos, a cual más atroz, parece raro que alguien todavía se asombre o se rasgue las vestiduras porque un tribunal europeo considere que también se puede aplicar una amnistía a los organizadores de un referéndum ilegal como el que se celebró en Catalunya en el 2017.Cada uno tendrá su idea sobre aquella jornada y todo el procés (de hecho, el mapa político catalán sigue dividido en dos mitades entre los partidos que invitaron a votar en aquella cita y los que se oponían). Pero, ante estos casos, lo que cabe ponderar son dos cosas: la magnitud de la falta y el valor de la situación resultante del perdón. Me da la sensación de que, más allá de ideologías, los que vivimos en Catalunya tenemos bastante clara esta segunda parte y por eso miramos con recelo a los que, desde sus lejanos micrófonos, azuzan un enfrentamiento que ellos observarían a distancia. Como dijo Talleyrand cuando estaba instalado en el tumulto permanente, “quien no ha vivido antes de la Revolución no conoce la dulzura de vivir”.Esperemos ser agraciados con la dulzura, la normalidad y hasta el aburrimiento. Ojalá.Redactor jefe de Cultura. Autor de libros como 'Aquellos años del boom' o 'Planeta Nobel'. Autor de varios documentales de temas literarios
Que vengan tiempos dulces y aburridos, por Xavi Ayén
Se cita a menudo la amnistía del general Trasíbulo, en el año 403 a.C. como el gran precedente clásico de esta figura política. Tras derrocar al sangriento régimen de los Treinta Tiranos de Atenas, se acordó “no recordar los males” (que eran muchos, matanzas incluidas) para...















