Tucídides fue un historiador y militar ateniense del siglo V a.C., en cuya obra principal, La Guerra del Peloponeso , narró el conflicto entre Atenas y Esparta (431 - 404 a.C), donde causas políticas, intereses parciales, miedo y errores humanos propiciaron la guerra. Graham Allison, politólogo norteamericano, popularizó la “trampa de Tucídides” como la situación en que una potencia emergente desafía a una potencia dominante. “Fue el ascenso de Atenas y el miedo que esto provocó en Esparta lo que hizo la guerra inevitable”. Allison analizó 16 casos históricos de rivalidad entre superpotencias. De ellos, 12 culminaron en guerra. Justificó que hoy podríamos encontrarnos en una situación parecida debido a la tensión geopolítica entre China y EE.UU.Sin embargo, hay algunos matices. Ahora el campo de juego es la frontera tecnológica. En muy pocos años, hemos pasado de un mundo liberal, casi dirigido por un fundamentalismo de mercado; a un mundo tecno-nacionalista y fragmentado en bloques. La trampa de Tucídides se dirime hoy sobre las industrias de alta tecnología. Y esas industrias no son distributivas: siguen una dinámica the winner takes all (el ganador se lo lleva todo). Las grandes corporaciones tecnológicas afrontan inversiones de capital gigantescas, de centenares de miles de millones de dólares. Solo unas pocas (cada vez menos) pueden seguir la escala y el ritmo del cambio tecnológico actual. La famosa ley de Moore (una predicción formulada por Gordon Moore, fundador de Intel, en 1965) postula que cada dos años se dobla la capacidad de cálculo de los ordenadores. Ha sido una profecía autocumplida, impuesta por unas brutales leyes del mercado: si quieres competir en el segmento de los semiconductores debes ser capaz de seguir esta velocidad de cambio, o caerás en la irrelevancia. Pero para doblar la potencia de los chips, también hay que multiplicar los recursos de capital e I+D. Solo muy pocas empresas, muy grandes, y muy poderosas pueden seguir este juego, que culmina en bucles casi monopolísticos, generando “ventajas injustas” que ejercen un control estructural en sus sectores. Quien tenga mayor potencia de I+D tendrá más mercado. A más mercado, más capacidad de hacer más I+D, y de ganar nueva cuota de mercado. Así, el mundo de la IA, de los chips y de la digitalización crea gigantes, omnipresentes y omnipotentes, dejando a los débiles por el camino. Y los estados intervienen: quien tenga los chips más rápidos o la IA más potente no solo tendrá los mejores iPhones. También tendrá la mejor ciberseguridad, los mejores drones o la mejor inteligencia militar, así que los sistemas tecnológicos y de defensa nacionales convergen en muy pocas manos. Por todo ello, un grupo de milmillonarios pueden atreverse a reconfigurar el mundo, y a postular nuevos sistemas políticos con lógica darwinista.ParadojaLa acumulación de capital, tecnología y poder conduce a soluciones similares. Asumimos que China y EE.UU. son rivales, pero ¿y si fueran aliados?Alex Karp, máximo directivo de Palantir (empresa de IA especializada en defensa, que trabaja para el Pentágono), en su libro La República Tecnológica , ha defendido una relación mucho más estrecha entre las grandes compañías tecnológicas, el Estado y la estructura militar norteamericana. En su visión, la seguridad nacional vuelve a ocupar un lugar central en la agenda tecnológica y las empresas líderes deberían contribuir activamente a reforzar las capacidades estratégicas de EE.UU. Sus críticos advierten que este enfoque puede derivar en una creciente concentración de poder, así como en una normalización de sistemas algorítmicos de vigilancia y control. También puede leerse como una forma renovada de capitalismo estratégico, orientado a impulsar campeones nacionales en sectores tecnológicos clave, con la emergencia de una oligarquía dominante, una especie de tecnocracia de consejeros delgados. ¿A qué se parece esto? ¿Quién tiene estructuras de poder que pasan por una fusión entre estado y grandes corporaciones tecnológicas, un control social por IA, y una élite tecnocrática? Sí… ¡China! Paradójicamente, desde extremos ideológicos opuestos, la acumulación de capital, tecnología y poder conduce a soluciones similares. Los extremos se tocan. Y surge una idea inquietante: asumimos que China y EE.UU. son rivales, pero ¿y si fueran aliados? ¿Qué ocurriría si el equilibrio final fuera un pacto de no agresión, de corte imperialista, tal como Portugal y Castilla se repartieron el planeta sobre un meridiano en el tratado de Tordesillas de 1494? Al Este, todo para Portugal; al Oeste, todo para Castilla ¿Podríamos ver un pacto de Tucídides entre EE.UU. y China?En 1957, cuando la URSS colocó el primer satélite artificial dando vueltas a la tierra, EE.UU. respondió con la creación de la NASA. Fue el “momento Sputnik”. En 2017, China tuvo su momento Sputnik cuando una IA de Google derrotó al campeón mundial de go, un popular juego chino de estrategia. China respondió con un plan masivo de desarrollo de la IA. ¿Qué será de Europa entre dos imperios? ¿Colonia digital americana? ¿Mercado de exportación chino? ¿Patio trasero de Rusia? ¿Techo de África? Es un momento de crisis existencial. La escala de la tecnología americana o china no la vamos a ganar con iniciativas tibias. Europa ha perdido dos ocasiones para lanzar su momento Sputnik: la aparición de ChatGPT (me hubiera gustado ver una gran iniciativa, rápida y contundente, para crear modelos de IA propios, gobernados por instituciones democráticas europeas); o el Plan Draghi (¿qué se hizo de él?).Crisis existencialLos políticos dicen que la innovación es clave, pero el creciente gasto social no deja espacio para inversiones productivasEuropa no puede seguir siendo un PowerPoint. La decadencia no se anuncia en los tratados internacionales, sino en los balances industriales, en las plantas obsoletas y en las cadenas de valor que se desplazan. Hay rumores de cierre de cuatro fábricas de Volkswagen en Alemania, con 100.000 empleos en juego. Los planes de recorte, de realizarse, estarían entre los mayores programas de despidos de la historia. Nuestros líderes políticos dicen que la innovación es estratégica, pero que el creciente gasto social no deja espacio para las inversiones productivas e infraestructurales. Pero si no las abordamos, ese gasto crecerá aún más y tendremos menos capacidad de innovación. La solución, si existe, será dolorosa. Pero es ahí donde realmente se demuestran los liderazgos.
El pacto de Tucídides, por Xavier Ferràs
Tucídides fue un historiador y militar ateniense del siglo V a.C., en cuya obra principal, La Guerra del Peloponeso , narró el conflicto entre Atenas y Esparta (431 - 404 a.C), donde causas políticas, intereses parciales, miedo y errores humanos propiciaron la guerra. Graham...











