Los poderosos, y de forma explícita Trump y sus acólitos, pretenden convencernos de que avanzamos hacia un mundo sin reglas
En el año 416 a. C., los atenienses quisieron conquistar una de las pequeñas islas Cícladas. No solo por su valor estratégico, o por las riquezas naturales que atesoraba, sino como advertencia ilustrativa de quién mandaba realmente. Antes de la batalla, los atenienses y los melios —los habitantes de aquellas islas— mantuvieron un diálogo descrito por Tucídides. Unos y otros hablan de la posibilidad de ahorrarse la guerra y por ello discuten sobre las razones del conflicto, su oportunidad, los int...
ereses respectivos y sobre todo del derecho y de la fuerza. La actualidad de ese diálogo resulta nuevamente escalofriante.
Para enmarcar ese debate, los atenienses recordaron a los melios el peligro de alejarse del principio de realidad: “The strong do what they can, and the weak suffer what they must” (“Los fuertes hacen todo lo que pueden y los débiles padecen lo que deben”). En el Libro V de su Historia de la Guerra del Peloponeso, Tucídides escribió ese principio en griego. En inglés lo citó el primer ministro canadiense Mark Carney al comienzo de su intervención en Davos este año. Lo podía haber dicho Donald Trump o, mejor su vicepresidente, J. D. Vance, que ha leído más. Carney, sin embargo, no fundó su discurso sobre este principio descarnado, sino que lo enunció para combatirlo: para argumentar contra el derrotismo que entraña frente a la necesidad de seguir construyendo la paz y la convivencia mediante el derecho, como hemos tratado de hacer desde la Ilustración.






