El escándalo y la violación de las normas encarnan el credo personal y político de Trump: las reglas son para los tontos

El entonces dictador de Zimbabue, Robert Mugabe, ganó en 2000 el primer premio en la lotería nacional de su país. Y lo ganó por una sencilla razón: porque podía. Alguien que destruye las instituciones que limitan su poder —como hizo Mugabe durante sus 37 años de reinado— puede gobernar para enriquecerse, engrandecerse o,

008/06/25/internacional/1214344803_850215.html" data-link-track-dtm="">simplemente, entretenerse. ¿Qué mejor modo de demostrar poder sin límites que exhibir que el sistema de normas vigente es una farsa? El daño que esta conducta pueda causar a las normas y a las instituciones es parte del diseño.

El caso de la lotería de Mugabe tiene parecidos en dos decisiones que tomó hace poco el Gobierno del presidente estadounidense Donald Trump, dirigidas en ambos casos a promover una agenda que busca eliminar cualquier restricción a la conducta futura de Trump y sus aliados.

La primera fue lanzar un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán y matar al ayatolá Alí Jameneí, líder supremo iraní. Dejando a un lado la pérdida de vidas y el caos inmediato, es evidente que el ataque generará un largo período de inestabilidad en Oriente Próximo.