Cuando llega un matón y decide saltarse las reglas y cambiar las plumas por espadas, la gente sufre y muere

Qué ingenua estupidez la de aquellas personas que ahora piensan bien de Trump porque se ha cargado a un dictador impresentable como Maduro. Me recuerdan a quienes estaban al principio tan encantados con el ayatolá Jomeini porque luchaba contra el sah. Es el error de creer que ir contra un malo te hace bueno, cuando en realidad puedes ser peor. Además, lo que ha llevado a Trump a destrozar la legalidad internacional no es la catadura de Maduro, sino que Venezuela sea la mayor reserva mundial de petróleo. Supongo que la primera vez que supe del actual presidente fue con The Apprentice (el aprendiz), ese reality apestoso cuyo gancho televisivo consistía en mostrar a un Trump ególatra, chillón, desaforado y ridículo. Porque hace años imperaba la opinión de que este hombre era un mamarracho. Y aquí está ahora, atemorizando al planeta entero. Pero, claro, es que Hitler también parecía un chiste. ¡Y Mussolini! Recordemos a esos hombrecillos de físico precario hinchando mucho el pecho y creyéndose el ombligo del mundo, el uno con su bigotillo lamentable, el otro con su pasmoso cabezón, ambos mirando muy serios al horizonte de sus megalomanías. Darían mucha risa, si la historia no nos hubiera enseñado a tenerles espanto. Cuando la humanidad se lanza en manos de estos payasos es que ha perdido antes muchas cosas. Entre otras, el sentido del humor y del ridículo, que son una clara muestra de inteligencia. Si mantienes el sentido del humor y del ridículo no puedes convertirte en un fanático.