Con el ataque a Venezuela, Trump cree estar mostrando fuerza cuando en realidad está destruyendo el único recurso que EE UU aún tenía: la legitimidad
Esta madrugada, Estados Unidos ha bombardeado Caracas. Donald Trump anuncia desde Truth Social que Nicolás Maduro ha sido capturado y sacado del país. La conferencia de prensa será en Mar-a-Lago. Esto no es Yemen ni Somalia. Es América Latina. La primera intervención militar directa de EE UU en una capital latinoamericana desde
f" rel="" title="https://elpais.com/diario/1989/12/21/internacional/630198001_850215.html" data-link-track-dtm="">Panamá en 1989. Hay una historia aquí: la Doctrina Monroe, el “patio trasero”, las intervenciones del siglo XX. Se suponía que eso había terminado. ¿Qué significa esto para el orden internacional? ¿Qué muere hoy junto con la soberanía de Venezuela? La ficción de un orden basado en normas.
Si el líder de Occidente puede bombardear una capital y secuestrar a un jefe de Estado, ¿con qué argumento se condena a Putin por Ucrania? Con el bombardeo de Caracas, Trump no ha legitimado a Rusia. En realidad, nunca la condenó. Lo que ha hecho es desarmar a quienes sí lo hacían. La paradoja es que Trump cree estar mostrando fuerza cuando en realidad está destruyendo el único recurso que EE UU aún tenía: la legitimidad. Durante décadas, la hegemonía americana se sostuvo no solo por su capacidad militar, sino por la pretensión de representar algo más que puro poder. Eso ha terminado. EE UU siempre violó el derecho internacional cuando le convenía, pero mantenía la ficción de respetarlo. Inventaba justificaciones, buscaba coaliciones, pasaba por el Consejo de Seguridad aunque luego lo ignorara. Esa ficción importaba: era lo que permitía a otros invocarla. Ahora ni siquiera finge.














