Apaciguar a Trump o minimizar la gravedad de la violación del derecho internacional son errores éticos, políticos y estratégicos

Las guerras son, siempre, espejos morales. La guerra ilegal lanzada por Estados Unidos e Israel contra el infame régimen iraní no es excepción. Basta con fijarse sin anteojos de intereses espurios para ver retratos elocuentes. Algunos con espalda recta, muchos con patéticas contorsiones o en posturas de arrodillamiento político....

Empecemos desde España. El Gobierno español ha correctamente rechazado un ataque que es contrario al derecho internacional porque no está amparado ni por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU ni por el presupuesto de legítima defensa. Sobre esa premisa ha correctamente denegado a EE UU el uso de sus bases de la OTAN para sostener ese ataque. Igual de adecuadamente, ha decidido proporcionar apoyo a la defensa de socios que se ven en peligro por las respuestas indiscriminadas y descoyuntadas del criminal régimen opresor iraní. Sin duda ese posicionamiento sirve bien a los intereses electorales del PSOE. Sin duda también, es moral y legalmente correcto.

Ante todo esto, toca asistir al sonrojante contorsionismo de adversarios políticos y mediáticos del Gobierno que —denotando un punto de desesperación— intentan descalificar esa posición con argumentos retorcidos. No, enviar un buque para contribuir a la defensa de Chipre no es entrar en guerra. No, la activación de baterías Patriot ya desplegadas en Turquía para intercepción de misiles tampoco lo es. El partido que apoyó la invasión ilegal de Irak vuelve a retratarse. Periodistas militantes del antisanchismo, también. Resuena el recuerdo del 11-M atribuido a ETA. Ese es el lugar al que conducen ciertas huidas hacia adelante.