Cuando llega el verano, amigos, compañeros de trabajo e incluso algunos meramente conocidos por coincidentes en un ascensor, pongamos por caso, suelen preguntarnos qué haremos o adónde iremos de vacaciones. Una pregunta, hecha así, al desgaire, traída, parece, a remolque de las altas temperaturas, igual que las bajas suelen incitarnos a lo de “felices fiestas y próspero año nuevo”, un deseo, por otra parte, de mayor cordialidad y que nada tiene de inquisitivo.He observado que la mayoría de las veces a quienes indagan sobre qué haremos nosotros las próximas vacaciones les importa poco lo que les respondamos. Lo que les interesa es que les demos pie, pierna o brazo, es decir, cualquier extremidad, y mejor si son todas a las que aferrarse, para tenernos un rato inmovilizados y atentos escuchantes –que diría mi querida Pepa Fernández en No es un día cualquiera– para contarnos qué harán ellos. En especial si su fuga veraniega es de cinco estrellas, más luxury , que siempre suena mejor que lujo, tal vez porque hay letras, como la x y l a y , que, incluidas en una misma palabra, saben a beluga imperial a quien las pronuncia relamiéndose. SoopySue / Getty ImagesY es que el luxury en un resort con mayordomo no está al alcance de cualquiera, solo de bolsillos muy abultados y selectos (¿?). Así ocurre, según tomo de una página de uno de los más lujosos del mundo, el Atlantis The Royal de Dubái. La suite más lu xury del luxury The Royal cuesta la módica cantidad de 100.000 dólares la noche y eso sin tener en cuenta la posibilidad de que Sherezade sea contratada para contarnos uno de sus cuentos inmemoriales.En fin, a lo que íbamos, me encanta compartir con ustedes, queridos lectores y queridas lectoras, lo que me han conta-do sobre sus vacaciones algunos de mis co­nocidos.Yo creo que para ponerme los dientes largos, Jaume S., que conoce mi afición por las islas, no en vano procedo de una, me ­dijo que el próximo mes de agosto volvería con su familia a las paradisiacas Fiyi, y que prefería Taveuni a Kadavu, ya que conocía de otros años Viti Levu y Vanua Levu, de las que me dio amplias referencias. Me ­hablaba con tanto pormenor de tales ­lugares que me dejó admirada, puesto que yo a lo más que llego es a opinar sobre las diferencias entre Eivissa y Menorca, entre Lanzarote y La Gomera, destinos más o menos cercanos y en todo caso nacionales.Los safaris están de moda, pero no sabía de nadie que fuera de safari para grabar el rugido de los leonesOtro conocido, creo que se llama Oriol, se refirió a su próximo safari maravilloso. Fotográfico, supongo, le interpelé, pese a que la apreciación de maravilloso casaba mal con los safaris auténticos, los que conllevan la muerte de animales. Pero, no. No acerté, se trata, según puntualizó, de un safari auditivo. ¿Auditivo? Sí, deletreó: “au-di-ti-vo”.Los safaris están de moda, cuanto más exóticos, mejor, en territorios lo más salvajes posibles, pero no sabía de ningún turista que fuera de safari para grabar el rugido de los leones, que, según me contó Oriol, puede oírse desde ocho kilómetros de distancia. “El del león es el más potente, faltaría más. ¿Es o no es el rey de la selva? –me espetó–. El de los tigres, en cambio, es menor. Su bramido tiene una repercusión más modesta, solo alcanza una distancia de tres kilómetros”.Tales puntualizaciones eran para mí algo absolutamente desconocido y de momento me llenaron de admiración por mi interlocutor, aunque casi a reglón seguido comprobé que las había tomado enteras del almacén de internet, pero como mostré curiosidad y el ascensor sube del garaje al octavo piso, mi interlocutor se animó a darme más datos: el rugido de un león puede llegar hasta 114 decibelios, el mismo volumen que alcanza un avión comercial. ¿Y podrás soportarlo?, le pregunté. ¿No tienes miedo a que se te rompan los tímpanos? Vamos bien protegidos, me contestó. Lo importante es poder grabarlo, insistió, y captar las diferencias. Se trata de un viaje científico, argumentó, muy feliz.Me encanta que me hablen de las experiencias viajeras, cuanto más exóticas mejor, porque me permiten echarles ima­ginación y situarme junto a estos viajeros en los luxury, las Fiyi o las maravillosas ­selvas africanas sin tenerme que mover de casa.En fin, tanto si se dedican al luxury, las Fiyi, los safaris o hacen como yo y se quedan por aquí, buen verano.