Una carretera serpentea entre campos abiertos cerca del pueblo menorquín de Alaior hasta que, de pronto, aparece la silueta de una antigua finca del siglo XIX, tradicionalmente conocidas como lloc. Rehabilitada con mucha destreza, como si se tratase de la residencia de un artista, hoy este refugio de más de 30 hectáreas lleva como nombre Menorca Experimental. Desde el primer momento en que uno pone un pie en este enclave, lo que más sorprende es el silencio. Uno que se aleja del ruido de la gran ciudad y abraza el canto de las cigarras, el viento entre los pinos y el sonido lejano de un mar que se encuentra a pocos pasos, en Cala Llucalari, una playa de piedras poco transitada que se puede acceder a través del hotel. La decoración fue concebida por Dorothée Meilichzon y combina tonos tierra y formas redondeadasMenorca ExperimentalMenorca Experimental, con sus 43 habitaciones, se siente más como un espacio donde encontrar la inspiración que como un establecimiento convencional. La arquitectura respeta el espíritu original de la finca; mientras que el interior, concebido por la diseñadora Dorothée Meilichzon, combina tonos tierra con figuras orgánicas. Las formas redondeadas, el uso de textiles naturales y los colores suaves crean una sensación de refugio íntimo, un espacio que invita a quedarse sin aires de ostentación ni lujos innecesarios. Por la mañana la luz entraba limpia y directa; por la tarde se volvía cálida, como en la famosa hora dorada.Las formas redondeadas, el uso de textiles naturales y los colores suaves crean una sensación de refugio íntimo en las habitacionesKAREL BALASEl corazón del hotel es, sin duda, su piscina infinita. Un punto de observación donde el paisaje se abre campo a través, con vegetación baja y sin obstáculos a la vista. A medida que avanza el día, la vida en la finca adopta otro ritmo. Algunos huéspedes se reúnen en pequeños grupos, otros practican yoga o pilates al aire libre y hay quienes optan por relajarse en el spa o disfrutar del simple placer de no hacer nada. El centro de bienestar del hotel ofrece a sus clientes tratamientos inspirados en la naturaleza de la isla, desde corporales y faciales para después de la exposición solar, hasta el tratamiento de belleza japonés más demandado del momento, el head spa.El corazón del hotel es, sin duda, su piscina infinitaMenorca ExperimentalLa gastronomía merece un capítulo aparte. Al caer el sol, el restaurante, abierto también al público de la isla, se convierte en un lugar mágico. Mesas iluminadas con luz tenue y un cielo despejado permiten contemplar las estrellas con nitidez. La propuesta culinaria gira en torno al producto local, con ingredientes que en muchos casos provienen de la propia finca. Cada plato cuenta una historia del territorio, sin necesidad de artificios y con la honestidad del que respeta la cocina. Porque el verdadero lujo de Menorca Experimental no está en sus instalaciones ni en la belleza de su dewcoración, sino en la capacidad de crear una experiencia coherente en todos los sentidos. Aquí todo encaja: el paisaje, la arquitectura y la gastronomía. No hay excesos ni tampoco se echan en falta. Entonces es cuando uno sale de su estancia con la sensación de haber vivido un paréntesis. Breve, sí, pero lo bastante intenso como para quedarse. El hotel Menorca Experimental cuenta con clases diarias de yoga y pilates para los clientesKAREL BALASChiringuito de puertoPintarrojaEugeni de Diego vuelve un año más, y ya son cuatro, a Menorca para ofrecer una carta a base de pescado que llega directamente de la lonja. Platos con pocos artificios pero con mucho sabor. Berberechos y gambas rojas a la plancha, zamburiñas con salsa Marrakech, cigalas, o filete de lubina con vinagreta mediterránea son algunos ejemplos de sus elaboraciones. El local está situado en el Moll d’en Pons, en Es Castell, frente al mar, y estará abierto hasta el 15 septiembre, solo en horario de cenas, para disfrutar de los atardeceres y alargar las noches en la isla.Pintarroja, el restaurante del chef Eugeni de DiegoCortesía de Pintarroja
Un hotel en un ‘lloc’ del siglo XIX es el secreto mejor guardado de Menorca
En un entorno natural preservado, entre jardines mediterráneos y vistas al mar, Menorca Experimental es un paraíso entre pinos










