Mantener el entrenamiento en verano es más difícil. El gimnasio queda lejos, el calor hace que cualquier esfuerzo parezca un castigo, y las vacaciones rompen la rutina. La playa resuelve todos esos problemas al mismo tiempo: el agua es refrescante y las olas y la arena ofrecen superficies irregulares que ofrecen resistencia y reducen el impacto. Solo hay que saber qué ejercicios hacer.

Por qué la playa ofrece el mejor entrenamiento

Lo que convierte a la playa en un gimnasio natural es la variedad de superficies disponibles en pocos metros. Cada una produce efectos fisiológicos distintos:

La arena seca es inestable y cede bajo el peso. Esa inestabilidad obliga a una mayor activación de los músculos en cada movimiento, especialmente en los músculos estabilizadores del tobillo, la pantorrilla y el core o cinturón abdominal. Una revisión de estudios confirmó que entrenar en arena aumenta el gasto energético hasta un 40% en comparación con superficies firmes. Además, el menor impacto de la arena frente al asfalto o los suelos duros reduce el daño muscular y el riesgo de lesiones al correr o saltar.

La arena húmeda, más compacta, permite movimientos más rápidos y es ideal para carreras cortas y cambios de dirección, ya que un poco de impacto es necesario.