Bajad las armasPor las calles de Espa�a no bulle la esperanza de conquistar el Mundial sino la indignaci�n por la sa�uda cacer�a contra Bego�a G�mezPedro S�nchez y Bego�a G�mez, en diciembre de 2024.Actualizado Jueves,

julio

22:52Audio generado con IAEl oficialismo est� convencido de que puede convertir a Bego�a G�mez en Rosa Parks, la activista negra que en 1955 fue arrestada por negarse a ceder un asiento reservado a los blancos en un autob�s de Alabama. La rubia esposa del todav�a presidente del Gobierno espa�ol, por su parte, ha sido enviada a juicio con jurado popular por tr�fico de influencias y malversaci�n. Cinco magistrados de la Audiencia de Madrid consideran por unanimidad que G�mez se sirvi� de su privilegiada condici�n de mujer del hombre m�s poderoso del pa�s para impulsar su carrera profesional, aproximadamente in�dita hasta la llegada a Moncloa de su esposo. Sin �nimo de condicionar el proceso que sentar� en el banquillo a la ciudadana G�mez, resulta altamente probable que la opini�n de estos cinco magistrados sea compartida intuitivamente por los nueve ciudadanos an�nimos que terminen conformando la instituci�n del jurado en un caso de abuso de poder tan palmario que hasta un ni�o de cinco a�os lo comprender�a. Pero no tenemos a mano a un ni�o de cinco a�os sino a Patxi L�pez y a Sarah Santaolalla, mitad jurista y mitad periodista, quienes sumados dan la medida epist�mica del relato oficial en este tr�gico momento espa�ol. Convencidos est�n de que, a la vista de la situaci�n procesal de la mujer del presidente, han comenzado a hervir gotas de sangre jacobina en las venas de millones de espa�oles. Por las calles y plazas de Espa�a no bulle la esperanza de conquistar el Mundial sino la indignaci�n por la sa�uda cacer�a contra Bego�a G�mez, seg�n consta en ese manuscrito ap�crifo de Stephen King que es ya el diario de sesiones del Congreso. �Ante qui�n decidi� no levantarse do�a Bego�a? Veamos. La rebeld�a de la hija de Sabiniano consisti� en quedarse sentada al paso de todos los licenciados universitarios del pa�s que gobierna su marido; de todos los docentes que obtienen su c�tedra tras una vida de estudio e investigaci�n; de todos los empresarios que no merecen cartas de recomendaci�n con membrete de Moncloa para acceder a contratos p�blicos; y de todos los emprendedores que no pueden disponer de un alto funcionario para promover sus negocios particulares. Que semejante plante vaya a desatar una nueva primavera en la heroica historia del movimiento por los derechos civiles es algo que nosotros queremos ver. Pero por si acaso, esperaremos sentados.