Actualizado 17/07/2026 - 18:24h.

A más de 1.800 km de las costas de África, perdida en medio del Atlántico, la pequeña isla de Santa Elena es famosa por ser el lugar del exilio y muerte de Napoleón Bonaparte. Pero este remoto territorio también fue testigo de otro acontecimiento ... histórico, menos conocido pero de gran importancia. Entre 1840 y 1867, unos 27.000 esclavos africanos fueron liberados allí después de que la Marina Real Británica interceptara los barcos negreros, casi un centenar, en los que eran trasladados a América. Muchos llegaron después de semanas o meses hacinados en los navíos, afectados de desnutrición y enfermedades como la disentería, la viruela o el escorbuto. Casi un tercio murieron poco después de desembarcar y fueron enterrados en grandes cementerios de la isla, como el de Rupert's Valley, sin que se conociera jamás su nombre o su procedencia. Otros, la mayoría, fueron enviados por las autoridades británicas a las colonias como trabajadores contratados. Y solo unos pocos centenares se establecieron en la isla, donde vivieron vidas humildes.

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