Tras leer el reportaje Así se distribuye el déficit de vivienda en España, de Denisse López, queda claro que no faltan viviendas, sino que no están donde deberían. La centralización en las grandes capitales de las empresas e instituciones públicas y con ellas el entramado social para mantenerlas podría ser una de las causas del problema. Con el confinamiento aprendimos que el teletrabajo mejora la vida de la gente. ¿Por qué no incentivar que empresas trasladen parte de sus sedes a ciudades más pequeñas? ¿O, como propuso el Gobierno, llevar algunas instituciones del Estado a otras capitales, en este caso con una población que no supere un cierto límite de habitantes?Óscar Ercilla. MadridNo soy una caraduraSeñor Feijóo: tengo 64 años y un cáncer de mama metastásico por el que estoy en tratamiento. No le voy a dar detalles de los efectos secundarios, bastante desagradables por cierto, que dichos tratamientos conllevan. Evidentemente, debido a dichos efectos secundarios y mi estado emocional no puedo ir a trabajar, por lo que estoy en situación de baja laboral. Señor Feijóo, no soy una caradura que quiera escaquearse de trabajar. Estoy luchando por mi vida, por estar con mi hija y mi familia un poquito más. Y no, no soy un cáncer para la empresa; el cáncer es el que me está matando poquito a poco. Sinceramente, me da muchísima rabia escuchar sus comentarios sobre personas que nadie sabe por lo que puedan estar pasando. Ojalá nunca se encuentre en mi situación.Carmen Crespo Toril. MadridCuando lo inaceptable ya no sorprendeHemos normalizado la mala gestión política, banalizado la corrupción, tolerado comportamientos impropios de quienes ocupan las más altas responsabilidades institucionales y convertido el ruido en opinión y la falta de ética en parte del paisaje cotidiano, y quizá lo más preocupante sea que cada vez nos sorprenda menos. Es cierto que el ser humano tiene una tendencia natural a velar por sus propios intereses, pero también posee una extraordinaria capacidad para la solidaridad, la cooperación y el altruismo. Son precisamente esos valores los que hoy necesita la política para recuperar la credibilidad perdida. Víctor Arufe Giráldez. A CoruñaMuchísimas graciasComo familiar de un paciente que ha permanecido ingresado 55 días en la UCI D2 del Hospital Universitario Vall d’Hebron, deseo expresar públicamente mi más sincero agradecimiento a todos los profesionales de esta unidad. Durante este tiempo hemos podido comprobar de cerca la extraordinaria labor de médicos, personal de enfermería, TCAI y celadores. Todos ellos han demostrado una gran profesionalidad, una dedicación constante y un compromiso ejemplar. Quiero destacar especialmente la humanidad, la empatía y la sensibilidad con las que nos han acompañado en momentos de gran incertidumbre y preocupación. Su profesionalidad y humanidad merecen ser conocidas y valoradas por toda la sociedad.Carmen Lucena Sánchez. Barcelona