Nos hemos acostumbrado, por una raz�n que no viene al caso, pero que estar�a bien hac�rnoslo mirar, a que encender el televisor sea como abrir la caja de los truenos -que se lo digan a Marta G�mez Montero y a Jes�s Cintora despu�s de lo del finde pasado-. Pero en realidad encender el televisor deber�a ser, por encima de todo, un momento de asueto, de ocio, de desconexi�n, de apagar el interruptor de las preocupaciones, los enfados, el pesimismo, la tristeza y el desasosiego. Se intenta, lo intentan, pero, tal vez, se intenta poco, o, tal vez, sea una cuesti�n de programas y presentadores. Hay pocos programas cuyo ADN sea precisamente �ste; y, sin lugar a dudas, uno de ellos es El Grand Prix.No voy a volver a hablar de esa nostalgia y ese viaje a la infancia de muchos de nosotros cuando hace cuatro a�os RTVE decidi�, tras mucha insistencia de Ram�n Garc�a y de Carlo Boserman, productor, devolver a la televisi�n y, por supuesto, a los espectadores, uno de esos programas -el programa-; devolver El Grand Prix. Todos los que �ramos unos ni�os en los 90 y hoy ya somos adultos -mujeres y hombres de bien- crecimos cada verano con un programa de televisi�n que marc� para siempre nuestra memoria televisiva. Pocos formatos pueden decir eso; El Grand Prix lo puede decir bien alto.Anoche, El Grand Prix regres� a La 1 y volvi� a demostrar que, por mucho que parezca que no, estamos m�s necesitados que nunca de diversi�n, desenfreno, festines y bacanales televisivas en las que lo �nico que necesitamos es ver, re�r y disfrutar. Y eso es lo que hace El Grand Prix; eso es lo que volvi� a hacer anoche El Grand Prix. Que se lo digan a la alcadesa de Cantalejo y a su, digamos, apote�sico momento, en La Patata Caliente. Pobre mujer.M�s all� de lo que supone para los pueblos, esos lugares donde cada verano se adoptan a cientos de ni�os, abuelos y padres, El Grand Prix es como ese lugar al que siempre uno puede volver cuando la melancol�a y la nostalgia televisiva se apoderan de uno."�Mam�, que te pierdes la prueba de los guarrazos!", me gritaba anoche mi hijo, mientras una servidora hac�a la cena en la cocina. �Vaya frase m�s sin sal! Pero analic�mosla. Primero, un ni�o de 11 a�os sentado viendo el televisor; segundo, un ni�o de 11 a�os esperando a que su padre y su madre se sienten con �l a ver el televisor; un ni�o de 11 a�os que se olvida de la videoconsola y la tablet para ver c�mo dos pueblos saltan, brincan y l�an la fiesta padre al otro lado del televisor; un ni�o de 11 a�os para el que la vaquilla Mar�a Fernanda es su nuevo objeto de deseo veraniego y la equipaci�n de los pueblos, zapatillas incluidas, es su nueva y prescindible necesidad, como si el azul y el amarillo de El Grand Prix fueran los colores de su equipo.La nostalgia es un arma de doble filo, y en RTVE lo saben. Saben que sentar a tres generaciones frente al televisor es un milagro en los tiempos de TikTok, pero tambi�n saben que nos conformamos con muy poco con tal de viajar a nuestra infancia.En El Grand Prix son muy conscientes de ello. Por eso, desde que el programa volvi� hace cuatro a�os, no ha habido temporada en la que Boserman no haya a�adido un nuevo plato a este fest�n. "Hemos recibido mails, cartas y peticiones a Televisi�n Espa�ola... �y qu� hemos hecho?", se pregunt� Ram�n mirando a c�mara. "�Familia, un juego de toda la vida de El Grand Prix! �Preparaos porque llega, de nuevo, La Cuca�a!". Y t�, que a tus cuarenta y pico cada vez recuerdas menos esas cosas de la infancia, empiezas a ver las im�genes de entonces y empiezas a recordar... �Leches, La Cuca�a!Anoche, estrenaron el marcador de El Grand PrixPoliny� y Cantalejo. Se estrenaron con el Duelo de capitanes, nueva prueba para el inicio del programa donde los capitanes de cada equipo, que este a�o adquieren mucho m�s protagonismo, luchan con sus padrinos -anoche Valeria Ros y un Boris Izaguirre entregado por completo a la causa de Mar�a Fernanda- por la tarjeta dorada que da el privilegio de poder convocar a la vaquilla cuando su alcalde o alcaldesa considere necesario hacerlo para molestar (y putear) al contrincante.�Ocho jamones se llevaron los de Poliny� en La Cuca�a! El que conoce la prueba sabe que arrancar ocho jamones de la palmera es como los 10 a�os de Ulises para llegar a �taca. Y es que lo de Poliny� anoche fue la guinda del pastel de este desenfreno colectivo. Se alzaron ganadores con 36 puntos, despu�s de que El Grand Prix haya a�adido una nueva variaci�n a la temida prueba de El Diccionario: la �ltima pregunta suma o resta cuatro puntos. Es decir, ahora s� que s�, El Diccionario lo decide todo. �Truco o trato? Truco, pues convirtiendo El Diccionario en la prueba clave en el final del programa, uno pone miguitas de pan para que Pulgarcito -que somos todos los que estamos al otro lado- vaya recogiendo y se quede hasta el final del camino.Pero El Grand Prix no es solo el innovar, el traer pruebas de anta�o o el de inventar algunas nuevas -como la de las hormigas, vaya tela...-, es tambi�n tener a un presentador como Ram�n Garc�a. Hay presentadores que nacen moldeados para encajar como un guante en un programa determinado. Ram�n Garc�a est� moldeado para El Grand Prix, al igual que El Grand Prix est� moldeado para �l. Sin Ramonchu, El Grand Prix no tendr�a sentido; sin El Grand Prix, a Ramonchu le falta una de las patas que le sostienen.Cuando alguien se entrega como lo hace �l, es pr�cticamente imposible que la persona que est� al otro lado de la pantalla no se sienta parte del programa. Ram�n Garc�a tiene la complicada capacidad de que uno sienta que cuando mira a la pantalla se est� dirigiendo directamente a ti. Disfruta como un ni�o, hace que los dem�s disfruten y tira de El Grand Prix sin que nadie se d� cuenta de lo que cuesta cargar sobre sus espaldas un programa de esta magnitud.Si hici�ramos un pacto con el diablo, pedir�amos la mitad de la energ�a que conserva Ram�n Garc�a. �l es el aut�ntico pegamento de este formato. Da igual que estemos en los a�os 90 o a mediados de los 2020: el presentador maneja los tiempos de la plaza del pueblo cat�dica como nadie.Cuenta con una buena guardia pretoriana, una guardia pretoriana que ha elegido �l personalmente. Eligi� a la que ya se ha quedado con el nombre de la ni�a de El Grand Prix, LalaChus; y esta temporada ha elegido a Gorka Rodr�guez, y ha vuelto a acertar de pleno. Gorka Rodr�guez, conductor de El Despertador de RNE, es un s� como una catedral para El Grand Prix. LalaChus ha encontrado en �l a su alter ego masculino, a su otra mitad para convertir El Grand Prix en esa fiesta de tirar las bicicletas a las puertas de la casa de la abuela en el pueblo para sentarse a ver Los Troncos Locos o Los Bolos.�Ay, Los Bolos! �C�mo fue ese momento anoche cuando iba a comenzar la legendaria prueba y empez� a sonar esto: "con esa bola gigante voy a derribar...", mientras LalaChus y Gorka Rodr�guez se entregaban a la causa y detr�s de ellos los bolos de Poliny� se meneaban como si intentaran bailar? Porque s�, hay cosas de la tele de los 90 que nunca se debieron perder y que gracias a programas como El Grand Prix nos llevan a un viaje en el tiempo.Ver a los alcaldes picarse por un punto y a los vecinos caerse al agua al ritmo de una banda sonora estridente sigue siendo extra�amente terap�utico. Formar parte durante unas horas de la Espa�a vaciada (y la no tan vaciada), d�ndolo todo por un trofeo y el orgullo de su comarca, es el verdadero coraz�n del programa.El Grand Prix ha vuelto cumpliendo exactamente con lo que promet�a: un chute de color, ca�das tontas, risas, disfrute, desenfreno del bueno, rivalidad sana entre pueblos y la sensaci�n de que el tiempo se ha congelado. Sigue siendo el rey del verano porque no tiene competencia que se atreva a ser tan descaradamente blanca, familiar y, s�, no tengamos miedo de decirlo, perfecta.