18 de julio, 2026 - 07h00Hay tradiciones que se resisten a desaparecer. Y una de ellas parece quedarnos ahora mismo consolidada, como herencia de expectativa global generada por la Copa Mundial de la FIFA, que juega sus últimos partidos: la de convertir aquello que ve una familia o un grupo de amigos sentados en una sala en el fenómeno del que todos están hablando gracias, paradójicamente, a las empresas tecnológicas que no hace mucho apuntaron sus cañones a destruir esa costumbre impulsando el individualismo, pero que hoy, en cambio, parecen estar planificando conquistarla.Múltiples mediciones en ese sentido y las percepciones de los expertos que siguen de cerca el fenómeno tecnológico actual coinciden, justo en tiempos de VAR y drones sobre la cabeza de los jugadores, que en un sorpresivo giro la pantalla que más crece es la del living room. O sea, usted y sus amigos reunidos en una sala, compartiendo las incidencias mundialistas, que si hubo o no crueldad tecnológica en marcar offside hasta por la punta de un zapato; o si el roce entre jugadores fue muy fuerte y justifica un penal, y hasta aquellos que a la antigua fingen lesiones para sorprender al árbitro, pero difícilmente lo harán con el VAR. Imposible disfrutar esas polémicas solo, encerrado en su habitación.Y aunque esto podría sonar como nuevo, es de recordar aquellos tiempos en los que una sola televisión, incluso en blanco y negro, había en la sala de la casa, como un mueble más, y había que levantarse a cambiar de canal con la mano, pues no existía control remoto. La familia se reunía para disfrutar ese momento, luego quizás de una ardua pelea por definir qué programa, de aquellos que se actualizaban semanalmente, era el que verían todos. Pero... un momento: la reina sigue siendo la pantalla móvil, la que entra en el bolsillo y la más grande instalada en la sala no será un reemplazo, sino que emerge como un complemento. Resulta, dicen quienes le toman el pulso a la vorágine tecnológica, que cuando la gente quiere tener una experiencia relajada y pasiva, ve la televisión. Y como prueba plantean que en YouTube el tipo de consumo ha cambiado: se ven partidos completos, películas y shows de creadores y nuevos aliados. Y aprovecha esa plataforma que, a pesar del temporal, el living room siempre lo ha sido, en un espacio esencial que además genera comunidad. Se atiende el ocio desde el móvil, pero se profundiza en la sala donde está instalado el televisor. Y entonces vale recordar que no existe suceso monocultural que no tenga a la pantalla de televisión como uno de sus grandes protagonistas. Y es, además, en muchos sentidos, el común denominador de las conversaciones transgeneracionales.Será por eso que se sabe ya que a Instagram le ha entrado el interés por convertirse en televisión. Ya trabaja en una aplicación para televisores inteligentes, con contenidos de larga duración y como anticipo, dice que experimentará con series episódicas protagonizadas por creadores de contenido en el menospreciado formato horizontal. Sí, ese que grandes satisfacciones dio en el pasado. Son los giros constantes del mundo tecnológico. (O)