Mayka NavarroSabadell 13/07/2026 17:29 Actualizado a 13/07/2026 17:50 Pese a todo, Bárbara Sanz mantiene la calma y el buen humor. Y no es fácil. La familia de esta asesora de imagen de 35 años, casada y con tres hijos, una pequeña de apenas dos años, está atravesando una odisea en su propia casa, en el centro de Sabadell. La casa de sus sueños, una magnífica vivienda rehabilitada que ha conservado muchos de los elementos de la original de hace dos siglos, escondía un secreto que les está trastocando. Hace unos meses descubrieron que tras el tabique de una de las paredes de la habitación principal se habían hecho fuertes una colonia de murciélagos que crece día a día, con los inconvenientes que supone. Los murciélagos son animales protegidos y de ahí que la Generalitat de Catalunya le ofrezca como única solución “cambiar de casa” hasta que finalice la temporada de cría de los animales y los puedan sacar con seguridad para ellos.“¿Y a nosotros, a mi familia, quién la protege?”, se pregunta angustiada. Su historia se conoció el viernes pasado en el programa de El Món a Rac1. Y este lunes, la mujer recibió a La Vanguardia para insistir en un problema que nadie resuelve. “Soy animalista convencida. No quiero que se maltrate a esos animales, para nada. Ni yo, ni nadie de mi familia. Pero tengo una hija pequeña a la que tengo que proteger y la propia administración me advierte de que tenga cuidado porque los excrementos de los murciélagos son muy tóxicos y pueden ser peligrosos para edades tempranas”, explica enfadada.Bárbara Sanz junto a la pared que esconde a una gran colonia de murciélagos en su casa de SabadellMayka NavarroLee tambiénQue no estaban solos en casa lo descubrieron hace un par de meses. Una noche, la mujer leía en la cama de su amplia habitación cuando escuchó unos chillidos y unos pasos. “Nos quedamos un poco sorprendidos, porque esta casa es de diseño inglés, las habitaciones son muy estancas y si escuchábamos ese ruido, es que debía haber alguien cerca”, comenta. Buscaron, sin éxito, pero los ruidos iban cada vez a más. Sospecharon que podía haber una plaga de ratas escondida en algún conducto y llamaron a una empresa de plagas. El operario abrió un pequeño orificio junto al tabique sospechoso y en cuanto vislumbró que aquellos inquilinos eran murciélagos y no ratas, se echó para atrás. “Señora, estos bichos son sagrados. No podemos hacer nada. Nos vamos”, le dijeron.Y aquí empezó el calvario de la mujer. Llamó a todas las administraciones y coincidieron en la necesidad de esperar porque no se pueden tocar. El fin de semana se acercaron unos técnicos del museo de ciencias naturales de Granollers y le ayudaron a retirar algunos de los cadáveres de murciélagos, que mueren por el gran calor que hay tras ese muro.“Solo pido que se los lleven ya. Porque ese tabique tampoco es un buen lugar para ellos”, insiste. Esa habitación está inutilizada por el riesgo de los murciélagos y por la pestilencia que la envuelve. Tampoco puede encender el aire acondicionado porque, si lo hace, el olor se expandiría por el resto de estancias de la casa. “Ni podemos viajar de vacaciones y dejar esto así, porque vete a saber cómo evoluciona. Y ya nos han advertido que, como salgan del actual espacio, si se nos cuelan por el resto de la casa, el problema se multiplicará por mucho”.Escribe y cuenta historias de la mala vida desde que empezó en el oficio del periodismo, desde los tiempos del fax. Autora de 'Desmontando el crimen perfecto'. Convive con dos perros, Simón y Lola; y con todo por aprender