El Trastorno Límite de Personalidad (TLP) es una bomba de racimo en el ámbito de la salud mental. Quien sufre alguna de las variantes puede presentar inestabilidad emocional, impulsividad, alteraciones en la autoimagen y relaciones interpersonales caóticas que derivan en cambios constantes de comportamiento y humor, violencia, adicciones y, en el peor de los casos, suicidios. Pero su efecto se expande como esa munición letal a todo el entorno. “La familia es la víctima más cercana”, lamenta Inmaculada Soriano, madre de un afectado por esta compleja patología y presidenta de la asociación especializada Avance. Ella recuerda cómo tuvo que intervenir porque dejaron a su hijo en un trabajo solo con un cúter después de haber sufrido un intento de suicidio. El Plan Estratégico de Salud Mental y Adicciones (Pesma-a), recién aprobado por la Junta de Andalucía, calcula que afecta a 118,68 mujeres y 134,24 hombres por cada 10.000 habitantes y su prevalencia crece un 3,9% anual. La mayoría de profesionales (el 54%) la consideran de “máxima importancia” y, sin embargo, según los pacientes, no se aborda de forma eficaz, pese a la existencia de terapias exitosas.La clasificación diagnóstica moderna del TLP es relativamente joven en el catálogo de la salud mental y muchas veces se abordan sus efectos y no sus causas. Javier Moreno, paciente diagnosticado, recuerda cómo en su primera visita a un especialista le recetaron somníferos porque no podía dormir. En la siguiente refirió ansiedad y le sumaron otra pastilla. Después relató un estado depresivo y le añadieron un fármaco más. Así hasta 18. “Era un mueble porque no me trataban la causa, sino los efectos de mi trastorno. Es como si te rompes un brazo y te dan analgésicos sin operarte la fractura”, recuerda. Moreno ha conseguido domar los efectos y se dedica, a través de Avance y otras asociaciones de salud mental, a ayudar a otras personas que atraviesan su misma senda y a sus familias. Porque, según se advierte en el Pesma-a, “el trastorno límite de personalidad [un subtipo común y grave] se caracteriza por presentar un diagnóstico y abordaje muy complejo (…), afecta al funcionamiento personal, social y laboral de la persona que lo padece y puede suponer un riesgo para su integridad física o su vida, pues presenta un elevado riesgo de suicidio”.El alcoholismo es una adicción asociada y fue el caso de Moreno. Pero las dependencias que pueden derivarse del TLP se manifiestan también en el juego, la conducta alimentaria, compras compulsivas e incluso sexo. “Cualquier cosa donde el paciente encuentre alivio al sufrimiento que padece”, relata. Algunas de las categorías del trastorno se consideran graves, pero otras quedan fuera de esta catalogación y “no cuentan con una atención estructurada y estandarizada”, según se detalla en el plan estratégico.“No podemos escatimar esfuerzos en aumentar la calidad asistencial y mejorar la calidad de vida de las personas diagnosticadas y de sus familiares, haciendo imprescindible la coordinación con otro tipo de profesionales, dispositivos de la red sanitaria y, en ocasiones, otros departamentos de los servicios sociales”, reconoce el documento de la Junta. Sin embargo, los pacientes consideran que esta declaración no es más que una buena intención y, como ya expusieron durante la elaboración del Pesma-a, “los recursos que existen no dan respuesta a estas problemáticas”. En este sentido, Inmaculada Soriano relata cómo Avance, que se nutre de la cuota de los socios y ayudas, “nace de la carencia del servicio público para la atención a estas personas”. Prestan asistencia presencial y en línea a medio millar de personas al año, entre enfermos y familiares. Ofrecen asistencia psicológica, talleres y recursos para afrontar situaciones que pueden llevar al límite a los pacientes y las personas más cercanas. Muchos han conseguido superar el trastorno y ahora son profesores, ingenieros, funcionarios o personal de empresas.Eva García Lobo es trabajadora social de esta asociación especializada desde hace una década e intenta explicar con un ejemplo la base del trastorno de personalidad: “Es como una persona con menos capas de piel y todo lo sienten más intensamente. Si la tocas, lo perciben hasta un punto y a un nivel emocional que le cuesta identificar qué está sintiendo y cómo gestionarlo. Es como vivir a flor de piel y, conforme afrontan estresores en la vida, les generan un impacto y un trauma mayor que a otra persona”.Un estresor para ellos, según explican los miembros de Avance, es cualquier circunstancia, desde una expectativa frustrada que para otra persona podría ser irrelevante hasta un cambio de horario. Ese sentimiento se traslada a su entorno más inmediato (principalmente la familia) y puede traducirse en autolesiones físicas o psicológicas, agresiones, la atribución de la responsabilidad a terceros y evasión con riesgo de derivar en adicciones. Los síntomas más comunes son impulsividad, dependencia emocional, rigidez cognitiva (dificultad para cambiar creencias) o pensamiento dicotómico (dualidad opuesta y excluyente) y rumiante, entre otros. El paciente lo padece como un sufrimiento extraordinario y continuado y la familia se ve arrastrada con él. En los entornos más favorecidos recurren a ayuda privada a un elevado coste. “Un centro puede costar 1.800 euros a la semana y una hora de un especialista entre 70 y 120 euros”, advierte Soriano. “He visto familias arruinarse”, añade Moreno. Aquellos con menos recursos se ven obligados a esperar entre tres y seis meses para cada consulta en el sistema público para una dolencia que exige detección precoz, varias sesiones para llegar a un diagnóstico preciso y un seguimiento continuo.“No hay un programa estructural y de política de salud acorde con una situación que es bastante compleja y que no abarca solo al enfermo, sino que afecta a toda la estructura familiar”, coincide Manuel Muñoz Bellerín, profesor de Trabajo Social y Servicios Sociales en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. “No se contempla la transversalidad y lo multifactorial de una situación como un trastorno de la personalidad, que es bastante doloroso y angustiante”, insiste. Muñoz Bellerín, como investigador social, también está de acuerdo en que “se pone el foco en algunos efectos, como las adicciones o las ideas suicidas, y no en las causas que lo generan”.Sin embargo, hay terapias efectivas y este profesor cree necesaria para su implementación la implicación de profesionales de varios ámbitos, y no solo terapéutico, porque, en su opinión, este trastorno requiere “especialización y comprensión”. “Es necesario comprender por qué las personas se comportan de una forma determinada y para eso es fundamental un acercamiento y la atención temporal y espacial continuada. No se puede atender un problema tan complejo en 15 o 20 minutos. Muchas veces se confunde el problema con el consumo de drogas y eso es una falacia peligrosa. El problema es que hay un trastorno de personalidad que hace que la persona sufra una angustia y un estrés que distorsionan los sentimientos y las emociones”, detalla.
Afectados por el trastorno límite de personalidad ven carencias en el nuevo plan andaluz contra una patología que arruina familias
La mayoría de profesionales considera el TLP de “máxima importancia”, según el plan estratégico de salud mental de la Junta, pero los pacientes denuncian que no se aborda de forma eficaz










