Santander (EFE).- El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) deriva en una situación «trágica» para quienes lo padecen, muchas veces personas jóvenes que se aíslan y que suelen intentar ocultar sus compulsiones para mantener en secreto su problema porque les avergüenza.

«Se convierte en una pesadilla, una pesadilla del día a día las 24 horas. Es muy complejo», dice a EFE Aurora Gavino, catedrática emérita de Psicología de la Universidad de Málaga y miembro de la Academia de Psicología de España, que ha hablado sobre este trastorno en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) de Santander.

Se trata «de un trastorno joven», advierte, porque lo frecuente es que comience a presentarse en la adolescencia y juventud.Su prevalencia ronda el 2,8 % de la población total y, aunque afecta a mujeres y hombres, «es más problemático» en estos últimos, apunta Gavino.

Las señales de alarma, que derivan en la consulta a un profesional, suelen ser que la persona tiene comportamientos «que no pueden entender quienes la rodean, patologizados, porque se ha alejado de lo normal y de lo que hace todo el mundo».

Es dramático en todos los casos, porque la persona se da cuenta de que sus compulsiones y su comportamiento no son normales pero no puede evitarlo.