Los bancos crean los primeros agentes con IA en sus aplicaciones e integran esta tecnología en sus procesos internos
Durante siglos, los pasos que debía dar un ciudadano que necesitase dinero para comprar una casa o emprender un negocio han sido los mismos. Desde el siglo XV, cuando se considera que se inventó la banca moderna, y hasta el XXI, debía salir de su casa y acudir a la entidad más cercana a su domicilio. Los bancos hacían negocio con la diferencia entre lo que pagaban por que los clientes depositasen allí su dinero y lo que cobraban por prestarlo, lo que implicaba amplias redes de oficinas y grandes plantillas. Es decir, muchos gastos.
Todo cambió con la eclosión de internet. El sector bancario ha vivido más transformaciones en tres décadas que en los cinco siglos anteriores. Así, primero llevaron sus negocios a la web, lo que provocó un proceso de cierre de buena parte de esas oficinas y grandes procesos de despidos. El siguiente paso fue pasar al smartphone, con una suerte de aplicaciones y nuevas funcionalidades como Bizum. Ahora emerge una nueva tecnología, la inteligencia artificial (IA), que amenaza con volver a poner patas arriba el sector.
La IA impacta en los bancos en una doble vertiente. Por un lado, de una forma un poco más oscura para los clientes, les ayudará a volverse más eficientes internamente, facilitará su operativa, reducirá la burocracia y agilizará los procesos en un sector muy vigilado por los reguladores. Algo que, en esencia, le permitirá reducir los gastos. Por el otro lado, el sector confía en que también le permita incrementar los ingresos, mejorando y reformando los servicios que aportan a los ciudadanos.






