“En unos días, lo veré todo calcinado”. Jorge Cantón conducirá hacia Almería por la AP-7, al costado de un paisaje arrasado en apenas unas horas. El tono amarillento del verano andaluz que da la aridez del terreno, lleno de arbustos y bajo las altas temperaturas, ha cambiado por una pátina de cenizas que recubre las más de 7.000 hectáreas quemadas por el incendio de Los Gallardos, que ya está estabilizado permitiendo el “regreso paulatino” de las 1.000 personas desalojadas. Un acontecimiento para el que pide medios y prevención: “Estamos perfectamente avisados de lo que está por venir y lo que ya está viniendo”. Una tarea que implica a instituciones públicas, propietarios y a la propia población que necesita prepararse, y que también tiene un coste económico: alrededor de 3.000 euros por hectárea para garantizar la vida útil entre los próximos cinco y diez años.
Cantón, técnico de planificación de incendios en Agresta - Sociedad Cooperativa, conoce de cerca la complejidad de los municipios de Los Gallardos, Antas y Bédar. Con un clima semiárido, caracterizado por la poca precipitación y la vegetación de matorral, es una “zona difícil” que ha estado “muy castigada” durante estas últimas décadas. Entre las razones, el abandono del pastoreo que limpiaba el suelo ha supuesto el crecimiento rápido de combustible vegetal, que, en inviernos como el de este año, marcado por lluvias torrenciales, ha crecido rápidamente.












