Durante las semanas de enero y febrero en las que Andalucía estuvo sumida en el enjambre de borrascas que obligó a evacuar a 11.000 personas en todas sus provincias -salvo Almería-, mientras se estaba pendiente de la lluvia, la mirada también se fijaba en los meses del estío. “Va a crecer la vegetación y luego, con las altas temperaturas, todo se secará y eso es gasolina para el monte”, advertían los mayores en los pueblos más afectados. El vaticinio se ha cumplido y la comunidad afronta uno de los veranos con mayor peligro de incendios. “Las precipitaciones de la temporada anterior han generado bastante hierba y maleza y, con el calor extremo que se ha adelantado a la primavera, se han convertido en mucho mayor volumen de combustible, lo que, unido a las condiciones climáticas de los últimos años y a los vientos muy secos, hace que el factor de riesgo sea bastante importante”, indica Jesús Miranda, director de la Cátedra de Seguridad, Emergencias y Catástrofes de la Universidad de Málaga. “Este año toda Andalucía es un polvorín”, advierte Emilio Del Pino, bombero del Infoca y coordinador de UGT en la Agencia Andaluza de Emergencias (EMA).Esa amenaza ya se hizo realidad hace unas semanas en la provincia de Huelva con dos graves incendios -uno en el Parque Natural de Doñana y otro en Villanueva de los Castillejos- que, en el último de ellos, obligaron a intervenir a la UME. “La diferencia este año es que, además, hay muchísimo pasto, que es el que provoca la continuidad entre el monte y las poblaciones y eso coloca el fuego a las puertas de los pueblos”, advierte Del Pino. En este contexto la Junta de Andalucía presentó el Plan Infoca para este verano, un dispositivo que este año se extiende entre el 1 de junio y el 15 de octubre, obedeciendo a las nuevas condiciones meteorológicas impuestas por el cambio climático. Fue el presidente en funciones, Juan Manuel Moreno, quien enumeró los recursos humanos y materiales que su Gobierno ha movilizado para esta temporada, en el que definió como el “mejor dispositivo contra incendios forestales de España”. Por una parte, el dinero: 271 millones de euros (un 5% más que el año pasado). Por otra, los efectivos: 4.700 profesionales bajo la dirección de la EMA (3.615 directamente dependientes de la EMA, 253 trabajadores de empresas externas y 797 dependientes de la Consejería de Medio Ambiente, según la orden de 11 de junio que aprueba el catálogo de medios para 2026 del plan Infoca). Y, luego, los materiales: 43 aeronaves (tres más que el año pasado) y nuevas unidades especializadas para reforzar la capacidad de respuesta, como la incorporación de la Unidad de Maquinaria Pesada, integrada por retroexcavadoras, góndolas, tractores y biotrituradoras, que se implantará progresivamente, o la Unidad de Fuego Técnico, para mejorar las labores de control y extinción en situaciones complejas. El operativo cuenta también con 108 autobombas (de las que se ha renovado el 84%), y un sistema de alerta especial a través de una plataforma tecnológica que permite mejorar la coordinación y el acceso a información en tiempo real durante las intervenciones. “El éxito de Andalucía está en que se dispone de un dispositivo enorme capaz de actuar con gran rapidez, lo que permite que el 85% de los incendios se queden en conatos (menos de una hectárea)”, indican fuentes de la Consejería de Emergencias.Los profesionales, sin embargo, recelan de ese plan. Casi un mes después de su puesta en funcionamiento, el dispositivo no cuenta con la dotación adecuada. “Los retenes van incompletos, estamos hablando de que cada uno debería estar compuesto por siete bomberos, y muchos van con tres, cuatro o cinco”, advierte Del Pino. En el caso de las unidades Brica, que actúan como refuerzo en los incendios de alta complejidad, la situación no es mejor. “En la de Sevilla, de 44 bomberos forestales solo hay 22; en Málaga faltan 12 y en Granada nueve”, enumera. “Esto afecta a la operatividad y a la eficiencia del operativo”, advierte y pone como ejemplo el último incendio de Huelva, en el que las dos brigadas movilizadas debían sumar 22 bomberos, pero solo había 14 disponibles. María Ruzafa, portavoz de Movimiento Infoca, corrobora la perspectiva del compañero y suma otras reivindicaciones. “Muchos camiones están inoperativos porque no hay conductores suficientes porque se requiere que vayan dos y no siempre se cubre el cupo”, indica, para resaltar que tampoco se están pagando las movilidades y reclamar mayor formación para acometer las nuevas tareas que se les están encomendando al formar parte del nuevo dispositivo de emergencias. “Tenemos que actuar en inundaciones, como las de este invierno; sabemos utilizar una bomba de achique, pero no tenemos el conocimiento necesario para todo lo que implica abordar una emergencia de este tipo y las EPI que nos dieron en Grazalema no eran las adecuadas, eran de plástico”, resalta sobre otra reivindicación secular de los bomberos del Infoca, la mala calidad de los equipos de protección. Su organización ha convocado una concentración el 30 de junio en Huelva para llamar la atención sobre las malas condiciones en las que trabajan.Ambos profesionales advierten también del desgaste al que se ven sometidos por las horas extra que tienen que realizar en incendios complicados, como el último de Huelva. “Nosotros no las cobramos, sino que se nos compensan en días de descanso, pero al final nunca se cogen porque los compañeros tenemos que cubrir las necesidades de otros retenes que están incompletos”, explica Del Pino, que cuenta cómo en ese último fuego de Huelva todos sobrepasaron la permanencia máxima de 10 horas en tareas de extinción que establece el convenio. “Al final, el trabajo sale porque es muy vocacional, porque aunque cobremos 1.500 euros y trabajemos seis días seguidos más de ocho horas, con las altas temperaturas, inhalando sustancias tóxicas, no nos importa”, precisa Ruzafa.La Consejería de Emergencias precisa que se han firmado dos grandes acuerdos con los sindicatos, uno para que trabajen los 365 días del año, que ya es efectivo, y otro firmado hace poco para el complemento que reconoce la experiencia (antigüedad), como reclamaban los trabajadores.Los bomberos del Infoca ya no concentran su trabajo en los meses de verano, sino que también actúan durante el resto del año para acometer tareas de prevención, aunque no están todos los profesionales operativos y parte de estas tareas están subcontratadas, como denuncia Movimiento Infoca. Andalucía es una de las primeras comunidades que empezó a cambiar la inercia y decidió invertir más fondos en la prevención (57%, en 2026) que en la extinción (43%). “Todos somos Protección Civil”.“Es un contexto de cambio climático; las situaciones a las que nos enfrentamos son bastante desconocidas. Todavía estamos aprendiendo cómo funcionan los incendios en este contexto y cómo se adapta la vegetación al paisaje”, indica Antonio Jordán, profesor e investigador de la Universidad de Sevilla y experto en la gestión de suelos e incendios forestales. En esa fase de adaptación también entran las tareas de prevención, esenciales para tratar de evitar los incendios de sexta generación, que no pueden extinguirse, “porque son inmanejables” -“No se apagan con tecnología, sino con prevención”, precisa-. “Las medidas no son las mismas en cada sistema”, abunda. En el caso de Andalucía, con un sistema árido, el experto aboga por la reintroducción de herbívoros salvajes que “consumen la biomasa y reducen el riesgo de incendio que genera”. En las zonas de dehesa, muy extendida en la comunidad, la solución, coincide Miranda, pasaría por retomar la ganadería ovina y caprina. “La despoblación en el mundo rural está llevando a un cambio de actividad, pero sería vital que las cabras, las ovejas volviesen a pastar, porque son las que limpian de manera natural la maleza que se va acumulando”, indica. “Los incendios ya no son solo un problema forestal, se han convertido en emergencias sociales y las soluciones deben ir por dinamizar el medio rural y recuperar los usos y aprovechamientos”, corrobora Lourdes Hernández, experta en incendios forestales de WWF.Jordán llama la atención sobre otra característica del paisaje andaluz: la interfaz urbano-forestal. “Pequeñas viviendas, pequeñas fincas que antes se utilizaban para actividades tradicionales del manejo del monte, cuidado de caminos, pero que ahora tienen un destino vacacional. Suelen estar en la costa de Cádiz, Málaga e incluso Granada y suponen un peligro latente muy grande”, advierte. Él incide en la importancia en estos casos de realizar un manejo previo de la vegetación, “planificar quemas prescritas o experimentales en invierno, cuando la situación puede ser controlable y no hay riesgo de incendios”. Estas actuaciones ayudan de manera natural a generar claros, pero se trata de iniciativas, advierte el académico, que no suelen estar “bien vistas por las autoridades porque no aseguran una respuesta electoral a corto plazo”. “Pero tenemos que aprender a convivir con el fuego”, advierte.Y en este sentido, Miranda apela a la implicación ciudadana. “Muchos incendios comienzan en la cuneta de un camino rural o de una carretera secundaria”, advierte para reclamar más campañas informativas sobre el peligro que suponen este tipo de residuos. “Hace falta más concienciación, más responsabilidad por parte del ciudadano, porque todos somos Protección Civil”.La Unidad Técnica de Análisis del Plan Infoca incorpora un índice de severidad y otro de disponibilidad del combustible vegetal, ambos obtenidos del seguimiento de la campaña y de los incendios previos observados en cada territorio, que ayudan a identificar las zonas más expuestas a potenciales incendios. Del Pino apunta a Almería -donde menos ha llovido de toda la comunidad— y a Huelva —por el tipo de combustible, la jara pringosa, “que a la mínima prende y corre que no veas”— como los puntos más críticos de los próximos meses.La esquiva colaboración con la cienciaLos expertos reconocen que en los últimos años la administración pública ha reforzado el plan Infoca ampliando su actividad durante todo el año y extendiendo a otro tipo de emergencias el trabajo que desempeñan lo bomberos, incorporando, además, el apoyo de la tecnología, pero reclaman mayor implicación del ámbito académico. “Pediría mayor contacto con la parte científica para el asesoramiento y la toma de decisiones en la adquisición de medios, en su distribución y en su gestión”, destaca Jesús Miranda, director de la Cátedra de Seguridad, Emergencias y Catástrofes de la Universidad de Málaga., que recuerda que hace unos años se sentaron las bases para un observatorio de emergencia en su universidad, junto con la Junta, la diputación y el Ayuntamiento, que no se ha desarrollado a la velocidad deseable. Antonio Jordán, profesor e investigador de la Universidad de Sevilla y experto en la gestión de suelos e incendios forestales, también destaca cómo a través de la red Fuego Red se ha conseguido transmitir a la sociedad una serie de principios y orientaciones, “pero siempre nos ha costado llegar a los gestores de alto nivel, a escala de consejerías y ministerio. Falta atención política porque se trata de una mirada a largo plazo”.