Algunas empresas califican desde hace un tiempo a las bajas médicas de “terrorismo laboral” (sic). Ahora Feijóo viene a darles la razón y entiende que un trabajador no puede ganar lo mismo estando de baja. Tener vacaciones pagadas y una cobertura en caso de caer enfermo son dos conquistas laborales que se consiguieron con mucho esfuerzo. Sin embargo, acabar con ellas es algo que se puede hacer de un plumazo. Lo peor es llegar a convencernos de que así deben ser las cosas.

En un mercado laboral absolutamente volátil y precario molesta sobremanera esa estabilidad que tienen los funcionarios e incluso que algunas pensiones de jubilación sean superiores al salario promedio, cuando lo suyo será subir estos y acabar con la precariedad. El ideal sería tener plantillas de “fijos discontinuos”, que solo cobren cuando se necesitan sus prestaciones, al modo en que lo hace la hostelería, comprometiéndose a contratarte para la próxima temporada. Entretanto ayunas y no tienes para pagar un alquiler ya de suyo inasequible.

Los profesores de secundaria son despedidos al acabar el curso, para que no perciban salario alguno en el periodo escolar. Ya les vale, con las pocas horas que trabajan, como si fuera una bicoca enfrentarse a un alumnado cada vez más numeroso y heteróclito en ciertas aulas, dados los recortes presupuestarios en la educación pública que suponen una privatización encubierta, similar a la perpetrada en un sistema sanitario con gente tan vocacional como maltratada.