Ante el Círculo de Empresarios Vascos, Alberto Núñez Feijóo ha afirmado que el absentismo laboral es “un cáncer” que cuesta 30.000 millones de euros, y ha prometido que, gobierne con o sin acuerdo con los sindicatos, tomará una decisión. La decisión, traducida, consiste en recortar sueldo y prestaciones a quien no acude a trabajar, sea por una baja médica, un permiso o cualquier otra ausencia que ni se molesta en desagregar. Feijóo no innova, ya que es la enésima expresión de un ideario que recorre toda Europa y que persigue deshacer, una a una, las conquistas del Estado social.
Empecemos por lo que Feijóo prefiere no mirar. Las bajas laborales se concentran de forma abrumadora en los trabajos manuales, esos que castigan el cuerpo: cargar cajas, limpiar, repartir, aguantar jornadas físicamente extenuantes. Es en esas condiciones duras donde florece mayoritariamente el “absentismo” —aunque en los trabajos no manuales hay otro tipo de consecuencias sanitarias—. Eso ya lo dice casi todo: las bajas son el reflejo directo de esas condiciones físicas y psicológicas. Si mejorasen, el número de bajas caería de manera considerable. Cualquiera que hable con profesionales de la sanidad se encuentra el mismo cuadro una y otra vez: bajas producto de la presión, de la precariedad y, en el fondo, de la dificultad del cuerpo humano para adaptarse sin romperse al criterio de la rentabilidad económica que exigen los empresarios.












