Termina el festival más multitudinario de Madrid —48.000 personas este sábado con el reto pendiente de solucionar algunos problemas de movilidad— con una jornada diseñada, como expresó un joven crítico musical, “para conocedores”. Mad Cool ha conseguido armar una personalidad para cada día: miércoles para rockeros soft, jueves para jóvenes fans del pop mainstream, viernes para indies futboleros y sábado para, efectivamente, conocedores de los nombres a los que hay que rendir tributo si uno siente que la música es la manifestación cultural más importante de los últimos cincuenta años.
Parece un sueño hecho realidad ver en un mismo día a Nick Cave, Kasabian, Pulp y David Byrne. Y es tan onírico que en realidad es imposible. Los dos primeros tocan a la vez, en diferentes escenarios; y lo mismo sucede con los otros dos. Para los que no puedan soportar el FOMO, existen varias zonas del macrorrecinto de Villaverde donde se pueden ver dos conciertos a la vez. También se escuchan los dos a la vez, pero ese es el precio a pagar por estar a todo.
En un encuentro con medios poco antes de iniciarse el festival, el director del festival dio explicaciones sobre el drama de los solapamientos: hay grupos que exigen tocar de noche, por lo que al final la franja prime time queda reducida a tres horas al día; no queda más remedio que poner a los grupos a competir por la audiencia.














