Los sombreros de paja que una conocida firma de seguros reparte en la entrada del Cruïlla volaron una y otra vez entre el público durante la última jornada del festival, que cierra con “grandísimas sensaciones” y el convencimiento de haber elaborado el mejor festival a nivel de programación.Alrededor de 73.000 personas se acercaron estos cuatro días al Parc del Fòrum, cifra sensiblemente inferior a las 82.000 del año pasado pero que deja a la organización “plenamente satisfecha”, como afirmó este sábado Jordi Herreruela, director del evento.Jovanotti dedicó ‘La flaca’ a Pau Donés durante su primera aparición en un gran festival en la PenínsulaEn una edición sin diluvios como los del pasado año pero con mucho calor (tolerable gracias a la brisa marina) Herreruela destacó la capacidad del Cruïlla de convertirse en “casa”, un lugar “que transmite seguridad y felicidad”, vinculando el leitmotiv de esta edición con el éxito de asistencia en todas las actividades organizadas, ya fueran musicales, de comedia, asociadas a la moda o a la danza. “Hemos generado una curiosidad que ha animado a descubrir a todos los artistas, incluso a los más pequeños”, comentó.La caída de asistencia el miércoles, donde acudieron 9.000 personas por las 18.000 del año anterior explica la diferencia de público, que llevó al director del certamen a reflexionar sobre las dificultades que están encontrando para atraer al público más joven, principal protagonista del miércoles. “No tenemos claro si estamos construyendo comunidad, es un público que depende demasiado del cabeza de cartel”, comentó.Todo lo contrario sucede con los asistentes más veteranos, que ayudaron a batir el récord histórico de asistencia del jueves con 20.000 espectadores atraídos por el indie noventero de Garbage, Standstill, Suede, Sidonie o Pixies, y de paso subieron la media de edad del festival, cuyos visitantes tienen entre 35 y 45 años. Los 21.000 asistentes del viernes y los 23.000 esperados para el sábado completan la cifra total, que la organización sitúa dentro de los parámetros esperados “para que el festival no dependa de contar con el gran artista de la temporada en el cartel”.Jovanotti se empeñó a fondo junto a una banda de 11 músicos con la que versionó 'La flaca', de Jarabe de PaloAlex Garcia“En Barcelona se puede hacer un gran acontecimiento dirigido al público local”, afirmó Herreruela al recordar que el 95% de los asistentes eran locales, de los cuales la mitad vinieron de la propia ciudad, mientras que la otra mitad llegó a partes iguales del Área Metropolitana y el resto de Catalunya. Un ecosistema ideal para fomentar el uso de la lengua propia, como demuestra el tránsito de la web oficial al dominio .cat, al mismo tiempo que se crean nuevos iconos como la Venus Rockstar, la gran estatua blanca de una mujer secándose el pelo obra de Marina Salazar (autora de la teta gigante de Rigoberta Bandini), que ubicada en el centro del recinto ha sido uno de los emblemas de la 16.ª edición.En lo musical, los mexicanos Midnight Session abrieron fuego mezclando funk y ritmos latinos ante los primeros asistentes, que se animaron a bailar espoleados por la bendita brisa marina poco antes de que Els Pets, trajeados y con la calma que corresponde a su edad comenzaran con Tres el repaso a sus 40 años de carrera. “Benvinguts a la sesión de tardeo”, bromeó Lluís Gavaldà para a continuación encadenaba clásicos como Núria, Segon plat, Tantes coses a fer o Jo vull ser rei con el pop ligero que los de Constantí ejecutaron en un concierto canónico.El plato fuerte llegó pasadas las 20 horas con Jovanotti, el polifacético músico italiano perseguido durante años por el Cruïlla, que lo acogió por primera vez en la Península dentro de un gran escenario. Acompañado por 11 instrumentistas y dos voces femeninas, Lorenzo Cherubini demostró su prolijidad estilística desde la inicial Shiva, ritmo de hip hop bien secundado por el coro, seguida de Attacami la spina, cumbia sostenida por las congas que animaba a mover el cuerpo.Con pantalones de pinza rosa, camisa azul (que inmediatamente se llenó de sudor), tirantes, corbata y gorra echada para atrás, Jova fue un colegial travieso que se desenfrenó en Penso positivo, la pieza más conocida de su repertorio, aliñada con los vientos y frenetismo sostenido por la batería y los dos percusionistas que dotaron de mucho ritmo a todas las piezas.El calypso de Oceanica y el reggae de So solo che la vita añadieron nuevos elementos a la ensalada musical del músico de 59 años, donde se coló una aplaudida versión de La flaca dedicada a su “hermano en música”, Pau Donés, recordando que su primer concierto en España fue junto con Jarabe de Palo.Solapándose con Jovanotti irrumpió Jon Batiste, armado también con una generosa banda de siete músicos para un energético show abierto con el r&b Tell the truth, reflejo de las raíces musicales de Batiste, nacido en Luisiana. El ganador del Oscar por el filme animado Soul (además de ocho Grammy) compaginó guitarra y piano –del que es un virtuoso como demostró con Mas que nada de Sérgio Mendes– mientras se contorneaba con el soul de Freedom o jugaba con el público en la animada Big money a ritmo de marching band. Sonidos clásicos que mezcló con percusiones, afrobeat y bossa nova en una muestra de polivalencia hasta alcanzar el Fur Elise de Beethoven, además de Tom's dinner de Suzanne Vega, o la música de Sonrisas y lágrimas.De pisador a pisado, parte del público de Batiste se desplazó al escenario Occident para atender a Rigoberta Bandini, que en pleno embarazo ofreció una cata del colorido espectáculo con que presenta su segundo disco, Jesucrista Superstar, aportando una versión de la veraniega Mayonesa mientras la noche se imponía a la espera de Hives, Two Door Cinema Club y Faithless en la última jornada que la casa de Cruïlla abrió este año sus puertas.
La casa del Cruïlla cierra con Jovanotti, Rigoberta Bandini y Jon Batiste tras congregar a 73.000 personas
El festival saca pecho de su mejor edición a nivel de programación pese a la caída de público el primer día









