A las 18:35 de la tarde del miércoles, cuando daban comienzo los dos primeros conciertos del primer día del Mad Cool —Palaye Royale en el Orange, uno de los más grandes, y Hot Wax, en el Mahou Cinco estrellas—, el termómetro madrileño marcaba casi 40 grados. A ambas bandas les había tocado la pajita más corta en el sorteo. Salir a tocar a primera hora de un macrofestival siempre es malo. Hacerlo con una ola de calor que hacía que la gente buscara las sombras, los chorros de agua y los dispensadores gratuitos de crema que ofrecía una marca de bronceadores es, directamente, una misión casi imposible.
El miércoles del Mad Cool se vio marcado por el calor extremo. Un calor que hacía que la gente estuviera, además, en un extraño estado de aplatanamiento del que solo salían gracias a estímulos concretos. El primero lo logró Jehnny Beth, que comenzó su concierto haciendo mención, cómo no, al calor. “Estoy un poco mareada, ¿cómo estáis vosotros?”, comenzó diciendo la artista.
Es difícil tocar bajo una carpa sin climatización a las siete de la tarde en este Madrid tórrido, pero Jehnny Beth envolvió al público en algo que no es en absoluto frescor, pero sí un rapto hipnótico, sucio y salvaje. Salvaje como fue su grupo Savages, mucho más incómodo y punk que esta formación en solitario en la que ahora se presenta la también actriz (dio la sorpresa en Anatomía de una caída). Beth pidió en español que las mujeres del público levantaran la mano: “¡Mujeres al frente siempre!”, dijo antes de acometer una versión intensa de Army of me de Björk. Después, y a pesar del calor, la humedad y el aire que solo se mueve alrededor de los abanicos, se lanzó a hacer abdominales en la canción Push ups (que compuso con el genial dúo Sextile).










