El tránsito de operarios, camiones y grúas no se detiene estos días en el recinto Iberdrola Music, en la frontera entre el Ayuntamiento de Madrid y Getafe. Entre el ir y venir de los montadores, ya se escuchan las primeras pruebas de sonido de una edición que arrancará este miércoles y reunirá hasta 55.000 asistentes diarios. Sin embargo, el festival Mad Cool vuelve acompañado de un conflicto que sigue sin resolverse. La organización asegura haber reforzado las medidas de movilidad y convivencia con el entorno, mientras la Plataforma Stop Festivales Villaverde sostiene que las mejoras “se están haciendo para los asistentes; para los vecinos, nada” y denuncia que durante los grandes conciertos “no se puede dormir”. Esta será la cuarta edición consecutiva en este recinto, convertido en la sede estable del festival tras sus dos primeras ediciones en la Caja Mágica y otras tres en Valdebebas, junto a Ifema.Mad Cool ya no representa únicamente cuatro jornadas de música para quienes viven en Villaverde o en los barrios de Getafe más próximos al recinto. De hecho, el festival inaugura una temporada de macroeventos que continuará con la residencia de Shakira en septiembre, con 12 conciertos previstos. Ese calendario ha intensificado el debate sobre la capacidad de Iberdrola Music para convivir con los barrios del entorno.El conflicto ha alcanzado también el plano político. La alcaldesa de Getafe, Sara Hernández, aseguró en abril a este periódico que la concentración de macroeventos estaba generando un “grave malestar”, al mismo tiempo que advirtió de la necesidad de una mayor coordinación institucional para garantizar la movilidad, la seguridad y el descanso de los vecinos. Una preocupación que comparten los residentes, convencidos de que el problema va mucho más allá de Mad Cool. La Plataforma Stop Festivales Villaverde denuncia que el recinto ha pasado de albergar alrededor de una decena de grandes eventos al año a superar la veintena y considera que las administraciones han apostado por consolidar un gran polo de conciertos sin resolver antes los problemas de convivencia. “Nos han dado a entender que, dado que la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento quieren que el recinto siga para adelante, a los vecinos les damos exactamente igual”, lamenta una portavoz de la asociación.Las críticas se centran en el ruido y la movilidad. Los vecinos denuncian calles cortadas, restricciones de aparcamiento, atascos y dificultades para acceder a sus viviendas durante los días en los que se celebran los conciertos. También sostienen que en algunos eventos anteriores llegaron a registrarse entre 75 y 80 decibelios en zonas residenciales situadas a unos 700 metros del recinto. Pero el conflicto ya no se limita a las protestas vecinales. A ese frente se suma el judicial. El Juzgado de Instrucción número 34 de Madrid acordó el pasado septiembre la apertura de juicio oral contra el administrador de la empresa organizadora y contra la propia sociedad promotora por un presunto delito contra el medio ambiente relacionado con la edición de 2023, después de que la Fiscalía apreciara que el festival superó los niveles de ruido autorizados. El Ministerio Público solicitó dos años de prisión para el organizador y una multa para la empresa. El Ayuntamiento de Madrid, por su parte, asegura que durante esta edición “habrá dispositivo de medición como todos los años” para garantizar el cumplimiento de la normativa sobre ruido.La organización sostiene que ha ido corrigiendo buena parte de los problemas detectados desde su llegada a Iberdrola Music. “Nos hemos reunido muchas veces con los vecinos y hemos ido intentando mejorar con cada edición”, afirma Javier Arnáiz, director de Mad Cool. Entre las principales medidas figura un plan específico de movilidad financiado íntegramente por el festival, con un coste superior a los 540.000 euros, dentro de una inversión global cercana a los 20 millones. El dispositivo contempla lanzaderas hasta el centro de Madrid y la ampliación del servicio de Cercanías hasta las 3.30 de la madrugada.Al margen de ese conflicto, Mad Cool afronta una edición que consolida la evolución experimentada desde su nacimiento en 2016. “El espíritu se mantiene intacto; traemos más pop que antes, pero la esencia es la misma”, resume Arnáiz. Durante cuatro jornadas, el recinto acogerá a más de 70 artistas repartidos en cinco escenarios y con un aforo de 55.000 personas diarias. Para ello, la organización ha apostado por un cartel que combina grandes nombres internacionales y bandas consolidadas del panorama nacional.Esa evolución también se refleja en las preferencias de su público. Arnáiz explica que, en una encuesta realizada por la organización el año pasado, los asistentes situaron entre los artistas que más les gustaría ver en futuras ediciones a Taylor Swift, Billie Eilish, Dua Lipa, Lana del Rey, Lady Gaga, Ed Sheeran, Twenty One Pilots y Foo Fighters, los dos últimos presentes en el cartel de este año. Hay un nombre, sin embargo, que continúa resistiéndose tanto a la organización como al público: Bruce Springsteen. El reguetón, añade, sigue siendo “una línea roja”.La internacionalización continúa siendo uno de los principales indicadores del crecimiento del festival. Este año, el 37% de los asistentes llegarán desde fuera de España, principalmente de Reino Unido, Italia, Francia, Portugal, Estados Unidos y México, el porcentaje más elevado de su historia. Pese a ello, Arnáiz asegura que no pretenden seguir aumentando esa cuota. “No nos interesa crecer mucho más en público extranjero”, afirma. “El público sí que ha cambiado; nos ha afectado más a cómo nos comunicamos con él”.Ese cambio coincide con un momento de transformación del negocio de la música en directo. El auge de las grandes giras en estadios también condiciona el mercado. “Ahora está muy de moda el tema estadios”, reconoce el director, que agrega que la presencia de este año de artistas como Bad Bunny o Shakira “ha afectado a las ventas”. Aun así, sostiene que Mad Cool mantiene su estrategia de comunicación. “No trabajamos con influencers, a nosotros no nos afectan tanto las redes sociales”.Las cifras de venta reflejan un comportamiento desigual según la jornada. El jueves ha agotado las entradas y el miércoles está prácticamente completo, mientras que el viernes ronda el 52% del aforo previsto y el sábado el 43%. “Me han felicitado más por el sábado, pero es el día que menos hemos vendido”, reconoce Arnáiz. Entre las novedades de esta edición figura la instalación de una gran pantalla en el centro del recinto para emitir el partido de la selección española en caso de que el equipo se clasifique este lunes. De ese modo, quienes acudan al festival podrán seguir el encuentro sin abandonar Iberdrola Music antes del comienzo de los conciertos.Mientras tanto, al otro lado de las vallas, los vecinos afrontan otra semana de incertidumbre. “No sabemos si este año va a ser a mejor o a peor. Habrá que esperar porque, por lo que se ve, se va a celebrar todo lo que se quiera”, afirma la portavoz de Stop Festivales Villaverde. Y concluye con una frase que resume el ánimo con el que encaran una nueva edición del festival: “Tenemos un poquito de resignación”.