Se trata de una pregunta que casi a cualquier futbolista le encantaría poder contestar algún día, cuando se siente a charlar con sus nietos. "¿Cómo es jugar contra Lionel Messi?"Compartir la cancha con el argentino es uno de los mayores privilegios de este deporte, aun cuando también pueda parecer un castigo verlo arrancar una de esas corridas sinuosas que hacen que defensores de talla mundial resulten motivo de burla en internet.Como manifestó hace años un ex jugador internacional alemán después de un revuelo armado en las redes sociales: "Me encantaría ver a cada uno de ustedes defendiendo un arco contra Messi".Algunos todavía se las arreglan para encontrar el lado positivo de la experiencia. "Por un lado te desesperás y te sentís humillado como jugador. Por otro, estás apreciando de cerca a un genio del fútbol, probablemente el más grande".Ese mismo jugador, convertido hoy en dramaturgo, le atribuye a Messi el mérito de "preservar el arte de gambetear" y forma parte de un grupo de futbolistas entrevistados durante los últimos meses por The Athletic para este artículo.Hablamos con un arquero español que enfrentó a Messi en 27 ocasiones y puede desglosar en detalle la técnica que hay detrás de su excepcional forma de patear (si bien no pudo evitar que le metiera 18 goles).Hay un exjugador del Real Madrid e internacional francés que temía que Messi los arrastrara a tierra de nadie a él y al resto de la defensa, un colombiano que describe marcar al mejor jugador del planeta como una pesadilla peor que cuidar niños y un finalista de la Copa del Mundo que no tuvo reparos en decir la verdad a su país cuando le preguntaron cómo pensaba parar a un genio de 18 años."No lo sé", respondió William Gallas.Messi conducirá al campeón vigente, Argentina, en los cuartos de final del Mundial contra Suiza, tras haber marcado ocho goles en cinco partidos del torneo.Gelsenkirchen, Alemania, junio de 2006. Argentina contra Serbia y Montenegro.Diego Maradona se encuentra en un palco VIP con una enorme sonrisa en el rostro y los brazos en alto. A su alrededor la hinchada argentina se ha puesto de pie para celebrar un momento histórico. A los 18 años, Lionel Messi está a punto de debutar en la Copa del Mundo.Por disparatado que parezca, el adolescente de pelo largo era un enigma para los jugadores de Serbia y Montenegro en ese entonces."No nos preparamos mucho para Messi específicamente porque aún no sabíamos lo bueno que era realmente", admite Ivan Ergic, que jugó para Serbia y Montenegro aquel día.Messi acababa de regresar de una lesión en el muslo sufrida contra el Chelsea en la Champions League en marzo, que había puesto fin prematuramente a su primera temporada completa con el primer equipo del Barcelona. Se lo veía inquieto mientras se preparaba para sustituir a Maxi Rodríguez. Su primera intervención fue un pase errado. Cuatro minutos después, asistió en un gol a Hernán Crespo. Diez minutos más tarde, anotó él mismo un gol.Ergic, que se las vio contra Messi en otras dos ocasiones durante las tres temporadas siguientes —jugando para el Basilea contra el Barcelona—, quedó maravillado. Actualmente escritor y dramaturgo, habla de Messi con una sensación de asombro y admiración.“Es uno de esos jugadores con los que aunque sepas hacia dónde te va a gambetear, no tenés ninguna oportunidad. Si te inclinás hacia un lado apenas medio segundo antes, él cambia de dirección hacia el otro. Y cuando creés que estás a punto de robarle la pelota, consigue tocarla lo suficiente para mantenerla frente a él bajo control, incluso en medio de un amontonamiento. Especialmente en eso veo algo cercano a un hacedor de milagros".“Cuando yo todavía jugaba escribí una columna sobre la filosofía del fútbol y recuerdo haber escrito sobre la frustración de los entrenadores —especialmente de José Mourinho—, que no encontraban la manera de frenarlo y a veces recurrían a métodos sucios."“Messi preservó la cultura de la gambeta: al limitar el juego a dos toques, los entrenadores modernos casi la han erradicado tanto en los entrenamientos como en los partidos.”“La gambeta es un arte en vías de extinción y yo creo que el hecho de haber recuperado obstinadamente esa habilidad para el fútbol es, casi, el mayor logro de Messi".Tanto la observación visual como los datos indican que el gambeteo de Messi alcanzó su punto culminante en aquellos primeros años (ilustrados más abajo) en los que jugaba por la banda derecha del Barcelona como parte de un tridente ofensivo. Dotado de velocidad explosiva, un equilibrio prodigioso y gran destreza en el manejo de la pelota, Messi era prácticamente imparable."Incluso antes de que viajásemos al Camp Nou me llamaban desde Francia para preguntarme cómo pensaba defender ante Messi", cuenta el ex internacional francés Gallas al recordar aquella eliminatoria de la Champions entre el Chelsea y el Barcelona en 2006.“Me acuerdo de haberles dicho ‘No lo sé’.”“El día anterior al partido lo pasé viendo videos de Messi. Todavía era chico él, 18 años, pero ya entonces era un genio. Probablemente fuera mejor verlo jugar que enfrentarlo, porque no te dan ganas de terminar haciendo el ridículo en un video viralizado en YouTube”.De todas maneras no había ninguna vergüenza en pasar a ser víctima de Messi. De hecho, para algunos era motivo de orgullo. Andrés Guardado, ex mediocampista del Deportivo La Coruña y del Real Betis, siempre se mostró orgulloso de tener 20 fotos junto a Messi en el terreno de juego. "En ninguna de ellas tengo el balón yo", dijo el mexicano.Ergic se expresa en términos similares al hablar de sus propias experiencias: "Mis sensaciones eran ambivalentes. Como jugador te desesperás y te sentís humillado, pero estás apreciando de cerca a un genio del fútbol, probablemente el más grande"."Sencillamente no funcionaba nada (para detenerlo) —ni soluciones tácticas, ni técnicas, ni físicas— y pueden dar fe de eso los mejores defensores de aquella época."En su primera temporada completa en el Barcelona, Messi superó a un rival en el 76% de sus intentos, tasa de éxito asombrosa para un joven de 18 años en una de las mejores ligas del mundo.En sus inicios, por lo general Messi desplegaba su magia partiendo desde la banda derecha para luego cambiar de posición y empezar a gambetear rivales por el centro.En 2007, jugando como puntero derecho en el Barcelona, marcó un gol icónico contra el Getafe. Tras recibir la pelota cerca de la línea lateral eludió a un jugador, le hizo un caño a otro, esquivó a dos rivales más, dejó en el suelo al arquero y convirtió con el pie derecho."Messi se vistió de Maradona", rezaba el titular del diario español AS al día siguiente.El engaño ya era parte intrínseca tanto de sus disparos como de sus gambetas y dejaba a los porteros vulnerables a ser batidos tanto por el palo corto como por el largo, ya que Messi podía impulsar la pelota con gran potencia y un armado del remate mínimo.Gorka Iraizoz, el ex guardavalla del Athletic Club, tiene más experiencia de la que querría en este tema luego de haber enfrentado a Messi en 27 partidos y haberle cedido goles de todo tipo."Tenías la sensación de que cubrías el espacio, de saber lo que iba a suceder, y de repente él hacía otra cosa", explica Iraizoz."El físico le ayudaba a ocultar la pelota hasta el último instante, sin apenas recorrido de la pierna y sin mostrar ni dar ninguna pista de hacia dónde iba a patear. Eso le permitía esperar y abrir el cuerpo con un toque sutil hacia el palo más lejano o imprimir potencia hacia el primer palo.""Esa es la diferencia, el timing que emplea, la velocidad a la que lo hace, y la explicación técnica de por qué era diferente".Para cuando se enfrentó a Messi por segunda vez en un partido amistoso internacional a principios de 2009, Gallas era mayor y también más sabio. El problema, no obstante, era que Messi había mejorado aún más, iba camino de ganar su primer Balón de Oro y jugaba —o al menos veía el juego— como si estuviera en el futuro."Cuando no tenía la pelota siempre caminaba, pero mientras caminaba absorbía toda la información de lo que veía a su alrededor y cuando recibía la pelota sabía exactamente qué debía hacer y adónde tenía que ir", indica Gallas. "Era como si estuviera en la Matrix: veía las cosas antes que nadie".La transición de Messi de extremo derecho invertido a "falso nueve", retrasando su posición, planteó nuevos problemas a sus rivales. El rol de atacante central le daba mayor libertad para moverse por el campo o, como ocurría a menudo, para caminar: y caminar nunca ha sido tan peligroso en una cancha de fútbol como cuando lo hace Messi.Sus misiones de reconocimiento son legendarias. Mientras examina el escenario del juego y sus ojos se desplazan rápidamente de un lado a otro —"microescaneo" es el término que usa el profesor Geir Jordet para describir este método de recopilación de material de inteligencia sobre el terreno— Messi toma "imágenes" que orientan su toma de decisiones en los momentos siguientes."Es único. Nunca he visto a ningún jugador como él", opina Pablo Hernández, ex mediocampista del Valencia, el Leeds United y la selección española. "Piensa dos segundos antes que cualquiera".Desde hace mucho tiempo el comportamiento de Messi, y en particular su capacidad cognitiva, fascina a numerosos académicos. David Sumpter, profesor de matemáticas aplicadas y cofundador de Twelve Football, trabajó con el Barcelona durante la etapa de Messi en el club, analizando patrones de juego, decisiones de los jugadores y su relación con el tiempo y el espacio."Y lo que descubrimos, le dijo el profesor Sumpter a Oliver Kay, de The Athletic para el reportaje The Soccer 100, es que sus compañeros y él encontraban espacios libres que no existían aún. Que no se convertirían en espacios disponibles hasta pasados dos o tres segundos. En efecto, sí: estos jugadores podían ver dos segundos por adelantado, cinco segundos por adelantado. En el caso de Messi parecía casi como si pudiera ver con una anticipación de diez minutos hacia el futuro".“No lo digo literalmente —el fútbol es un juego muy dinámico— pero ya al principio del partido él detectaba dónde era probable que surgieran esos espacios y después se aseguraba de encontrarlos a medida que el encuentro avanzaba".La forma en que caminaba y su tarea de observar el campo de juego tenía otra ventaja además: Messi jugaba con la mente de sus adversarios, casi atormentándolos al situarse en zonas de exclusión para los defensores."Hay que comunicarse mucho para saber quién debe hacer qué cosa", señala Raphael Varane, ex zaguero del Real Madrid, el Manchester United y la selección francesa que jugó contra Messi en 21 ocasiones. "Su especialidad era moverse caminando por zonas donde no sabés quién corresponde que lo marque. ¿El centrocampista? ¿El lateral? ¿El defensa central?".“Te da la impresión de que está caminando, o no corriendo, (y entonces) lo marcás menos. Pero pasa lo contrario: se coloca en una posición desde la que puede atacar bien. Siempre se ubica en un área intermedia. Y es muy complicado porque normalmente, cuando atacamos, los defensores tienen el control y el nivel de alerta disminuye. Pero contra él, cuando estás atacando es cuando el nivel de alerta llega al máximo. Es ahí cuando, si te quedás un metro atrás, se acabó todo.”Gallas asiente. "Aunque él esté caminando, lo que no querés como defensor es que reciba la pelota, porque así pensarías en acercártele. Pero si te acercás, él ya ganó esa batalla, porque si no recibe la pelota, habrás dejado espacio a tu espalda y eso es exactamente lo que él quiere."También en el Barcelona eso era exactamente lo que quería Guardiola. En mayo de 2009, durante los días previos a un partido decisivo, el entrenador vio la oportunidad de poner a Messi como falso nueve. Se trataba de algo con lo que el técnico del Barcelona ya había experimentado brevemente, pero esta vez la situación era distinta: el rival era el Real Madrid, el escenario era el Bernabéu y estaba en juego el título.El plan se basaba en la premisa de que ocurriría una de estas dos cosas: o bien uno de los marcadores centrales del Real Madrid seguiría a Messi cuando éste retrocediera —lo cual dejaría espacio para que los delanteros laterales del Barcelona, Samuel Eto’o y Thierry Henry, corrieran en diagonal hacia el medio y penetraran en la defensa—, o bien que los centrales del Madrid mantuvieran su posición y Messi se conectara entonces con el mediocampo del Barcelona generando una superioridad numérica de cuatro contra tres.Fue una genialidad táctica; el Barcelona aplastó al Madrid por 6-2.Pocas semanas más tarde, cuando el Manchester United enfrentó al Barcelona en la final de la Liga de Campeones contempló dos escenarios: Messi jugando sobre la banda derecha y Messi actuando como falso nueve. Pero el objetivo defensivo principal, independientemente de dónde jugara él, era cortarle el circuito de pase.Ver a Messi encontrar un hueco entre dos jugadores del Manchester United para marcar el segundo gol del Barcelona en aquella final no resultó sorprendente en lo más mínimo. Sin embargo, no se podía decir lo mismo de la forma en que se gestó ese tanto —un centro en profundidad de Xavi— ni de cómo culminó la jugada."Lo decepcionante fue que Messi anotara de cabeza, ya que pensábamos que ese sería el maldito último gol que podía llegar a meternos, dada la fortaleza y la estatura que teníamos con Edwin van der Sar, Rio Ferdinand y Nemanja Vidic", comenta René Meulensteen, ex entrenador asistente del United.En un amistoso contra Angola disputado en vísperas del Mundial de 2006, Messi entró al campo para sustituir directamente a Juan Román Riquelme y desempeñarse como creador de juego. Cuatro años más tarde, bajo la dirección de Maradona en el Mundial de Sudáfrica 2010, jugó detrás de dos delanteros en un esquema 4-3-1-2. En el Mundial de 2014, donde Argentina cayó ante Alemania en la final, actuó ubicado detrás de Gonzalo Higuaín en un sistema 4-2-3-1. En otras palabras, Messi funcionó como "10" en la selección de su país.Tácticamente se sentía como un espíritu libre con la camiseta de Argentina, aunque la responsabilidad de cargar con las esperanzas de toda una nación parezca haberle pesado enormemente durante gran parte de su carrera internacional."La capacidad de eludir rivales es, a decir verdad, un rasgo muy poco común —esa cualidad de que ni siquiera los mejores defensores del mundo puedan tocarte— y eso es lo que recuerdo de él", le dijo a The Athletic el ex zaguero de la selección de Estados Unidos Jay DeMerit hace unos años, al rememorar las dos ocasiones en las que se enfrentó con Messi en el ámbito internacional: en la Copa América de 2007 y en un partido amistoso disputado en Nueva Jersey cuatro años más tarde.“Todos tratamos de llegar a él, cerrarle los espacios, apoyarnos en los compañeros que no rodean, ayudarnos mutuamente. Pero al final él siempre parece encontrar ese espacio y estar ese paso por delante.”"Te deja confundido. Gracias a su habilidad para moverse sin la pelota te deja en una situación (en la que te preguntás) ‘¿Adónde se fue? ¿Y yo cómo quedé aquí? ¿De dónde salió?’"DeMerit dijo algo más también: algo que casi todo rival debe sentir cuando mira alrededor y ve a Messi."Estás en presencia de verdadera grandeza. Eso eleva todos nuestros partidos. Estás en la cancha como con deportistas inmensos de la clase de Wayne Gretzky y LeBron James."Ashley Cole, lateral izquierdo sobresaliente del Arsenal, el Chelsea y la selección inglesa, veía a Messi de un modo similar y lo describe como "definitivamente el mejor que haya jugado en mi generación"."¡Me agarro a la estadística de que nunca haya marcado tantos contra un equipo en el que jugara yo!", agrega Cole con una sonrisa.“Era el mejor del mundo. Era tremendamente imprevisible, muy inteligente, astuto, y le daba cohesión a todo aquel equipo del Barcelona. No podías cederle ni un segundo de respiro y si intentabas frenarlo en el origen de la jugada, resultaba sencillamente imposible. Podía esquivarte hacia la izquierda o hacia la derecha. Era fuerte, potente y dinámico. Tenía todo aquello que cualquier zaguero detestaba enfrentar."Era imposible marcarlo individualmente pero como grupo había que tratar de contenerlo, tratar de limitarlo dentro de un casillero y alrededor de él. En el Chelsea hicimos eso. En la semifinal de la Champions League de 2012 falló un penal y esa fue la suerte que tuvimos en nuestra trayectoria hasta ganar el título en Múnich".Aquello supuso una mácula inusual en la trayectoria de Messi de ese periodo. En 2012 ganó el Balón de Oro por cuarto año consecutivo. Incluso en función de sus propios estándares las cifras alcanzadas resultaban exorbitantes. Superó el récord de Gerd Müller de 85 goles en un año calendario y también batió la marca mundial de Archie Stark vigente desde hacía 87 años en cuanto al mayor número de goles anotados en una sola temporada.La temporada siguiente Messi hizo 42 goles, sin contar los marcados de penal, en el equivalente a 29 partidos completos. Tres de esos tantos se los anotó a Iraizoz, entonces arquero del Athletic Club, entre ellos el de una jugada individual en el empate 2-2 en el estadio de San Mamés que, 13 años después, te sigue dejando sin aliento.Luego de juntarse con la pelota a unos 30 metros del arco propio, Leo emprendió una intrincada carrera cambiando de dirección una y otra vez y dejando atrás una ristra de rivales. Ese tramo de la jugada es mágico, un deleite para la vista, pero la forma en que acomoda la pelota y la patea al final de la corrida también es brillante."Esa jugada explica un poco lo que te decía: sabés que va a patear hacia ese lado, pero él tiene ventaja porque sabe la velocidad que debe imprimir al disparo, el toque que debe darle y hasta dónde no puedo llegar yo como portero", explica Iraizoz.¿Y qué decir de su increíble dribbling previo?"Muchas veces está relacionado con su físico. Tenía gran fortaleza en su tren inferior", puntualiza Iraizoz. "(Thierry) Henry lo explicó muy bien: cómo Leo era capaz de cambiar de dirección con un simple toque de tobillo y todo a gran velocidad. Pero no es solo esa jugada: en una final de la Copa del Rey, Mikel Rico intentó derribarlo cerca de la línea con una patada y Messi no cayó. Era muy fuerte."En esa final el entrenador del Athletic, Ernesto Valverde, decidió que el lateral izquierdo Mikel Balenziaga marcara hombre a hombre a Messi, táctica que ocasionalmente (y solo ocasionalmente) dio resultado para algunos equipos tiempo atrás.El mediocampista colombiano Carlos Sánchez lo había marcado de cerca y había logrado neutralizar a Messi en un partido de la Copa América de 2011 que terminó sin goles. Sánchez se deleitó con aquel desafío y con la responsabilidad que llevó aparejada la tarea, aunque también sonaba agotadora, algo así como tratar de no perder de vista a un nene chiquito junto a una pileta de natación durante las vacaciones."Requiere atención constante, incesante", dice Sánchez."En medio segundo puede provocar que ocurra algo y todo lo que hiciste no serviría de nada".En el caso del Athletic y Balenziaga, el plan de Valverde se vio en dificultades al cabo de 20 minutos. Messi superó a Balenziaga en dos ocasiones, además de a otros tres jugadores del Athletic durante una jugada de gambeteo frenético propia del patio de un colegio, no de una final de Copa."Nuestros mediocampistas defensivos intentaron frenar a Leo, incluso tratando de cometerle faltas, pero fue imposible derribarlo", declaró el defensor Xabier Etxeita a The Athletic hace pocos años."Yo me estiré como para tratar de bloquearle el tiro, pensando que él buscaría el segundo palo. Y lo hice bien; tenía ese ángulo cubierto. Pero él tuvo la capacidad de decidir, justo en el último segundo, apuntar hacia el primer palo y patear fortísimo. Fue un golazo. Nos dejó a todos con la sensación de haber hecho todo lo posible como equipo para frenarlo, pero que aun así, no habíamos podido".Tres semanas antes Messi había protagonizado otra actuación memorable, esta vez en el Camp Nou, donde el defensa del Bayern de Múnich Jerome Boateng se desplomó como un árbol recién talado.Ridiculizado en aquella ocasión, cinco años después Boateng cometió el error fatal de organizar una sesión de preguntas y respuestas en directo en su cuenta de Twitter para matar el tiempo durante las restricciones por COVID-19."¿Qué se te cruzó en la cabeza cuando Messi te hizo eso? Ya sabes a qué me refiero, #AskJerome", posteó un bromista.Las compuertas de las redes sociales se abrieron de par en par."Sinceramente, me encantaría ver a cada uno de ustedes defendiendo un arco contra Messi", contestó Boateng.La longevidad de Lionel Messi es una historia de brillantez perdurable pero también de una sutil evolución.Como destacó Michael Cox hace un par de años en su excelente artículo sobre las 10 etapas de la grandeza de Lionel Messi (por cierto, es posible que ahora haya que ampliarlo a 11 o 12 etapas), el pase filtrado que vulnera líneas defensivas es un aspecto de su juego que se desarrolló con el tiempo y alcanzó su punto álgido espectacularmente en la temporada 2015-16, cuando él formaba parte de una delantera imparable junto a Neymar y Luis Suárez.Esa temporada Messi intentó un promedio de 3,4 pases filtrados por cada 90 minutos, más del doble de la cifra más alta registrada por un jugador de la Premier League en una misma campaña desde 2017.El hecho de que se desempeñara cada vez más en zonas centrales de la cancha durante la etapa final de su trayectoria en el Barcelona —el mapa de toques que figura más abajo resulta fascinante— le brindó mayores posibilidades de desarticular las defensas con ese tipo de pase que Messi percibe instintivamente, pero que el resto de nosotros recién descubrimos al ver la repetición."He jugado contra muchos grandes futbolistas pero Messi tiene algo único", sostuvo ante The Athletic en 2023 David Zurutuza, ex centrocampista de la Real Sociedad que lo enfrentó 14 veces. "No es que fuera mejor, Cristiano Ronaldo era mucho más físico, más espectacular en lo físico. Messi era mucho más talento puro. Podía acelerar rapidísimo, pero lo que se destacaba era su inteligencia. Veía las cosas antes que nadie"."Cuando estás con él en la cancha te das cuenta de la rapidez con la que hace las cosas: es espectacular. Eso no se percibe por televisión. Es bestial."Comprensiblemente, existe un aura de mística en torno a enfrentar a Messi y eso se manifiesta de muy diversas formas.Con frecuencia los jugadores hablan de que Messi los obliga a aumentar sus niveles de concentración y, en palabras tanto de Varane como de DeMerit, a reconocer la necesidad de "elevar el nivel de juego propio" enseguida de haber pisado el terreno de juego.Pero la presencia de Leo Messi también podría distraer a los adversarios. Sin darse cuenta, los jugadores se sienten atraídos por él, casi hipnotizados al verlo con la pelota y por el temor que eso genera."Cuando te enfrentás a los mejores jugadores, a veces tendés a querer ser muy agresivo para impedir que jueguen", apunta Varane. "Pero también hay que saber no dejarse atraer por la zona de peligro, porque cuando Messi llevaba la pelota, el peligro estaba en los jugadores situados del otro lado. Todo el mundo iba hacia Messi y se pasaba al otro lado. Surgía el pánico. Y entonces le devolvían la pelota a Messi cuando menos te lo esperabas".¿Pero y si se invertían los papeles y Messi parecía obsesionarse con alguien?En 2017, durante una conferencia de prensa previa a un partido de la Champions contra el Paris Saint-Germain, el entrenador del Celtic, Brendan Rodgers, relató una conversación que había tenido con Jozo Simunovic, su defensor central croata, luego de una derrota ante el Barcelona la temporada anterior.“Recuerdo haber hablado con Jozo el año pasado y decirle "Dale, contame, ¿cómo fue jugar contra Messi?", le preguntó Rodgers."Y Jozo respondió: ‘¡Cada vez que me daba vuelta él me estaba mirando fijo!’""‘Me ponía nervioso mirándome’", insistió Jozo.Rodgers sonrió. "Eso es por el nivel del jugador. Messi y Suárez no van a la pelota; la pelota va a ellos. Lo único que buscan es espacio. Cuando ven que alguien se mueve, se mueven ellos".Alrededor de una década después Simunovic se ríe cuando le recuerdan aquellos comentarios."En un partido no podés limitarte a mirar la pelota, tenés que observar lo que te rodea, especialmente cuando la pelota está en el lado opuesto", recalca. "Como defensores debemos estar pendientes de los jugadores y del espacio a nuestro alrededor. Por eso, cada pocos minutos yo giraba la cabeza un par de veces y en ambas ocasiones lo veía (a Messi) caminando y observando mi posición mientras la pelota se movía por distintas zonas"."Resultaba muy extraño ver que no mirara el partido cuando tenían la posesión ellos. Nos observaba a nosotros. Ahora sé que era debido a nuestra ubicación (como defensores) y a los espacios por donde él puede correr y hacerte daño".En el Mundial de Catar 2022, Messi tenía 35 años. Seguía siendo un genio. Pero un genio diferente."Si uno lo observa en 2009, ni siquiera estaba en el apogeo de su rendimiento y aun así podía hacerse con la pelota en la línea de medio campo y superar corriendo a todos. En 2022 no podía hacer lo mismo ", asegura Meulensteen, que fue entrenador asistente de Australia en aquel campeonato. "En el partido contra nosotros se pasó el 80 por ciento del tiempo simplemente deambulando y cobraba vida en el último tercio del campo, donde sabe que puede hacer algo decisivo"."Pero hasta cuando está caminando no se lo puede ignorar. Sigue leyendo el juego y previendo hacia dónde va a ir la pelota y tiene listo un plan de acción para eso".Australia se enfrentó a Argentina en los octavos de final y es fascinante escuchar a Meulensteen explicar cómo buscaron aprovechar el hecho de que Messi, que en Catar caminó más que ningún otro jugador durante la primera ronda de la fase de grupos, no salía a presionar con convicción."Sabíamos que debido a él podíamos sacar la pelota jugando desde atrás", evoca Meulensteen. "Hacíamos que Aaron Mooy (mediocampista) estuviera siempre a espaldas de Messi, y Aaron es muy seguro con la pelota. Teníamos varias estrategias de salida para encontrar a quien estuviera detrás de Messi"."Sabíamos que él no iba a defender. En la mayoría de los casos, Argentina no presionaba, y si lo hacía, era Messi quien iniciaba esa presión. Debíamos tenerlo en cuenta, pero la estrategia consistía entonces en jugar largo y disputar la primera y la segunda pelota".Ahí es donde nos equivocamos jugando la pelota hacia el arquero; tardó un poco más de la cuenta y entonces nos metieron el segundo gol."Pero si mirás de nuevo el partido, vas a ver que nos sentíamos muy cómodos sacando la pelota desde atrás y eso se debió pura y exclusivamente a que sabíamos que Messi no iba a bajar a presionar. Fue un planteamiento totalmente distinto al que hubiéramos podido adoptar contra el Barcelona (en las finales de la Champions League contra el Manchester United de 2009 y 2011)".Difícilmente sorprenda que Messi, ya entrado en la treintena, no trajinara la cancha a toda velocidad cuando Argentina no tenía la posesión, como hubiera hecho siendo más joven. No obstante, con la pelota en los pies, su capacidad para configurar y definir partidos mediante destellos de genialidad individual parece eterna, casi como si desafiara el paso del tiempo.A mitad de la segunda parte de la semifinal contra Croacia, Leo se vio frente a frente con Josko Gvardiol, jugador 15 años más joven, unos 15 centímetros más alto y que, a simple vista, era superior tanto atlética como físicamente. Fue, en efecto, un duelo desigual: Messi superó por muerte a Gvardiol.Alternando paradas y arranques frente al croata —maniobra que induce a los defensores a una falsa sensación de seguridad— y amagando con ir primero hacia un lado y luego hacia otro, Messi encontró espacio donde parecía no haberlo y habilitó a Julián Álvarez para el tercer gol de Argentina."Leo está hecho para cambiar de dirección", declaró a The Athletic días más tarde Jonas Dodoo, exentrenador de velocidad en atletismo que ha trabajado con clubes profesionales de la Premier League, la Bundesliga, la NFL y las Grandes Ligas de Béisbol. "Anatómicamente, está diseñado para eso. Tiene el tronco largo y las piernas cortas, lo que significa que está hecho para ser ágil".Tristan Muyumba, que juega en el Atlanta United y se ha enfrentado a Messi media docena de veces desde que el argentino dejó el PSG en 2023 y se trasladó a la MLS, coincide con Dodoo."Todo está en la forma en que utiliza el cuerpo", dice Muyumba. "Es muy inteligente y sabe cómo posicionar el cuerpo en todo momento. Su tren inferior es muy atlético. A menudo se escucha que Messi es chiquito, pero es sólido y se mantiene con firmeza. Es muy robusto y utiliza el cuerpo maravillosamente".Muyumba, que creció apoyando al Manchester United y comenta que prefería a Ronaldo hasta que "entró en razón", reconoce algo más sobre Messi que tiene que ver más con la persona en sí que con el futbolista."Él no es de conversar mucho, y yo no hablo español, pero suele hacerte una sonrisita o te choca la mano", comenta Muyumba, que tiene enmarcada en su casa una camiseta de Messi."Siempre he disfrutado al jugar contra él porque no parece tener una opinión exagerada de sí mismo. Es muy accesible y transmite amabilidad".Una amabilidad que te mata en cuanto Lionel Messi tiene una pelota de fútbol a sus pies.-Por Stuart James, Mark Carey, Charlotte Harpur Dan Sheldon y Guillermo Rai.