Gema se considera una española corriente en cuanto a costumbres. De las que desayuna un pincho de tortilla los fines de semana en la terraza de un bar, o come una paella los domingos con la familia. También de las que, cada verano, viaja a cualquier playa de España para disfrutar de sus vacaciones. Corrige: viajaba. Sus últimos veranos, lo que esta madrileña recordaba hace tiempo como unos días perfectos frente al mar, empezaron a convertirse en una pesadilla: “Un calor insoportable y hordas de gente en todos los sitios. Las playas eran un infierno y tenía que reservar con días de antelación para comer o cenar cualquier cosa. Casi lo mismo está pasando ya en el norte de España”, explica a El Confidencial. Su alternativa vacacional la ha convertido en una española, teóricamente, menos corriente. “He decidido irme a Dinamarca. La gente me dice: ‘qué horror, qué vas a hacer ahí’. Fue idea de una amiga y me encanta: es un destino más sostenible, con menos gente y menos calor. Puede ser un poco más caro, pero vale la pena”. Gema pasará varios días en Copenhague y luego hará una pequeña ruta por otras ciudades del país. Durante unos días, paseará en bicicleta por las calles de la capital danesa y se sacará fotos del canal de Nyhavn, delante de las casas de colores que miran a los barcos históricos amarrados en el viejo muelle. O dará una vuelta por los jardines del emblemático parque de atracciones Tivoli. TE PUEDE INTERESAR No es la única que se ha sentido atraída por estos planes. Dinamarca se ha consolidado como uno de los destinos más populares para viajar en el norte de Europa, por varios factores como la calidad de sus infraestructuras y una oferta cultural combinada con la naturaleza. El Plan de Estrategia Nacional para el Turismo del país se basa en explotar estos elementos y una parte está específicamente destinada a atraer turistas españoles. Muchos visitantes del país consideran Dinamarca un destino “seguro, muy limpio, donde todo está en orden, e ideal para hacer escapadas urbanas”, explica Ghita Scharling Sørensen, directora de mercado de VisitDenmark para varios países europeos. Más allá de las ventajas sobre el papel, muchas personas se sienten atraídas por lo que entienden como estilo de vida moderno y relajado. “A los españoles les gusta experimentar el modo de vida danés: moverse en bicicleta en una ciudad con poco tráfico y ruido, donde la jornada laboral termina pronto y hay tiempo para hacer deporte o estar con la familia”, añade Sørensen. TE PUEDE INTERESAR La estrategia de atraer a más españoles en el país nórdico ha funcionado. España se sitúa actualmente como el décimo mercado emisor más importante para Dinamarca. En 2025, las pernoctaciones de visitantes españoles alcanzaron las 399.408, lo que supone un aumento del 7% respecto al año anterior y un crecimiento del 34,7% en comparación con 2019, según datos ofrecidos por la oficina de turismo VisitDenmark. Huyendo del calor El atractivo aumenta por su clima. Mientras en el sur de Europa y en España aumentan las temperaturas y empiezan las olas de calor, Dinamarca mantiene una temperatura suave. Este fenómeno tiene hasta nombre: coolcation por las palabras en inglés cool (fresco) y vacation (vacaciones). A pesar de que Escandinavia no es una región inmune a los fenómenos meteorológicos extremos provocados por el calentamiento global, las olas de calor sofocantes siguen siendo muy poco frecuentes. TE PUEDE INTERESAR En Dinamarca, la temperatura media en los meses de junio, julio y agosto oscila entre los 13 y los 21 grados. Desde Visit Denmark, evitan utilizar el término coolcation como reclamo turístico, aunque Ghita Scharling Sørensen defiende que “tenemos un clima agradable en verano que permite hacer actividades al aire libre, aquí te puedes tomar un respiro del aire acondicionado y las temperaturas extremas, también tenemos el mar en muchos sitios alrededor del país, lo que te permite bañarte cuando la temperatura es cálida y agradable” dice. Admite, sin embargo, “también podemos tener un verano terrible con frío y lluvia”. Según explicaba la profesora en turismo asociada a la Universidad de Aalborg, Carine Ren, los destinos de vacaciones donde las temperaturas son más frías representan una “contraola” al turismo tradicional. En este sentido, explicaba Ren, “los turistas del sur de Europa ahora quieren viajar lejos del calor sofocante del verano buscando climas más frescos”. Esta tendencia “se verá reforzada por el cambio climático entre los próximos 10 y 30 años” aseguraba la investigadora, ya que “las previsiones muestran que los flujos de turismo que antes iban de norte a sur, irán cambiando en mayor medida de sur a norte, con un mayor interés en viajar al norte de Europa por parte de los turistas provenientes de España, Francia o Portugal”, sostiene la profesora de turismo. Por otro lado, el buen clima y el tipo de vida en ciudades como Copenhague se pagan caro. Además de los precios de los vuelos, que pueden variar según las compañías, el alojamiento y la comida tienen un precio superior al de zonas costeras en España como Málaga o Valencia. “Estas vacaciones van a ser mucho más caras que cuando me quedé en España, de eso no hay duda”, explica Gema. “Sobre todo porque creo que hasta en el lugar más turístico del país encuentras un restaurante a precio competitivo. No sé cómo de fácil será eso en Dinamarca”, continúa. Jóvenes se bañan en Ofelia Plads, Copenhague, el 19 de junio de 2026. (EFE / Liselotte Sabroe) “Está claro que muchas familias no pueden pagar unas vacaciones allí, pero es verdad que yo lo reservé todo con bastante tiempo y fue un poco más asequible. Todo depende del tipo de viaje que busque cada uno y si le sale a cuenta pagar quizá un poco más pero evitar mucho calor y mucha gente”, concluye. A algunas familias les ha salido a cuenta. Laura Guiu, de 37 años, decidió viajar a Copenhague con su pareja y su hijo de menos de dos años porque sus amigos se lo habían recomendado. “Nos habían dicho que era un destino fácil para viajar con niños pequeños”, dice. TE PUEDE INTERESAR La escapada les entusiasmó, “sobre todo para el pequeño, porque hay muchos parques y espacio donde los niños pueden correr, en comparación con Barcelona, donde las calles son más estrechas y con muchos coches”, dice. Otro aspecto que les sorprendió, fue “lo bien adaptada que está la ciudad para pasear con un cochecito, por ejemplo, en el metro. Nuestra sensación es que te lo ponen todo fácil”, añade a este periódico. Por su parte, Ghita Scharling Sørensen asegura que es muy habitual que en los restaurantes y cafés de Dinamarca haya “un rincón donde los niños puedan jugar y entretenerse”. También señala que en los principales museos existen numerosas actividades pensadas para los más pequeños, como talleres y visitas guiadas adaptadas. “Promovemos Dinamarca como un país amigable con los niños, porque los propios daneses tienen muchos hijos”, añade la experta, destacando que la tasa de natalidad del país se sitúa hoy por encima de la media de la Unión Europea. Premiar al turista responsable La estrategia turística danesa intenta, sin embargo, equilibrar las consecuencias de este fenómeno. Hay varios ejemplos de ciudades que intentan evitar, como Barcelona, donde el turismo masivo ha provocado manifestaciones de miles de personas. O Venecia, donde vivir en el centro, se ha convertido en casi una utopía. Hasta Albania, donde otras miles de personas han salido a las calles para evitar un proyecto turístico multimillonario de Jared Kushner, hijo del presidente estadounidense Donald Trump. En lugares como Copenhague o Suiza están intentando implementar medidas para favorecer el turismo sostenible. No quieren, subraya VisitDenmark, atraer a visitantes a cualquier precio y promueven estancias más largas y animan a los viajeros a salir de la capital: “Por el tamaño de Dinamarca, es posible recorrer prácticamente todo el país en una semana”, explica Sørensen, convencida de que una distribución más equilibrada de los visitantes beneficia tanto a los turistas como a los residentes locales. Otro enfoque es la aplicación CopenPay, un programa que premia las acciones responsables y sostenibles de los turistas a cambio de experiencias culturales. Entre las opciones, se incluye un paseo en kayak como recompensa por contribuir en la limpieza de los canales, una cena gratis si se ayuda a cuidar un huerto urbano, o un taller gratuito en el Museo Nacional si los turistas han llegado en bicicleta o en transporte público. TE PUEDE INTERESAR Según la agencia turística, Wonderful Copenhaguen, el programa busca que los turistas hagan elecciones más conscientes y que “dejen el destino mejor de como lo encontraron”, una iniciativa que ya se está imitando en otras ciudades europeas.