La pen�ltimaFui v�ctima de un fen�meno com�n: la estulticia estival. Algo en el calor nos empuja a hacer tonter�as. Perdemos la dignidad, la sensatez y el buen gusto. Una cafeter�a en Portland, Estados Unidos.Actualizado Viernes,
julio
02:37Desesperado tras unas horas de gestiones por este Madrid infernal, renunci� a cualquier principio y entr� en un local de esa cadena de cafeter�as que ustedes est�n pensando en busca de l�quido fr�o y aire acondicionado. Esto sucede a menudo en esta ciudad inh�spita donde, con los parques cerrados la mitad del tiempo y la cerveza a precio de petr�leo, los refugios clim�ticos escasean y, sin darte cuenta, acabas comprando calcetines en Primark con tal de escapar de la calle. Eso justifica mi entrada en el local, no lo que hice despu�s.Ped� un espresso tonic que es exactamente lo que parece. Al leer el nombre en el cartel, la combinaci�n me result� tan absurda, tan espantosa, tan random, tan abocada al desastre que no pude evitar probarla bajo el (flojo) razonamiento de que nadie puede ser tan jeta de idear algo as� y ponerlo a la venta si est� malo. Tras pasar el habitual proceso en el que me preguntan mi nombre para acabar escribiendo ‘��igo’ en el vaso, observ� c�mo lo elaboraban por si me perd�a algo. No. Echaron hielo, volcaron una lata de t�nica, luego un caf� y removieron. Cost� que aquello mezclara, pero lo lograron y me sent� con mi brebaje de seis euros y la emoci�n de descubrir nuevas sensaciones.Sabe Dios que las descubr�. No soy un bebedor d�bil, me eduqu� en botellones de whisky Vat 69 y Festini con lim�n. He visto cosas que vosotros no creer�ais. Atacar botellas de ron Nelson m�s all� de Malasa�a. He visto minis de calimocho desaparecer en la oscuridad cerca de la Puerta de Alcal�, pero nunca, nunca, nunca hab�a probado algo tan repugnante. El sabor del caf�, la burbuja de la t�nica, el regusto del Averno. Como M�chel contra Corea en Italia 90, mir� a una c�mara imaginaria y grit� tres veces: "�Me lo merezco!". Lo acab� de un trago y, con fingida compostura, regres� a la calle pensando que si me llegaba la muerte en forma de insolaci�n, ser�a justicia divina. En realidad, fui v�ctima de un fen�meno com�n: la estulticia estival. Hay algo en el calor que nos empuja a hacer estupideces. Quedamos con gente que apenas conocemos y nos acostamos con personas a las que odiamos, vemos pel�culas de mierda y nos disfrazamos para ir a festivales en los que no nos gusta ni un grupo, paseamos horas a 40 grados haciendo turismo en otra ciudad que olvidaremos en cuanto volvamos a casa y nos apuntamos a excursiones de riesgo que prohibir�amos en oto�o, adultos aparentemente funcionales visten sandalias y camisas de manga corta, incluso llevan bermudas a m�s de 100 metros de una masa de agua. Perdemos la dignidad, la sensatez y el buen gusto. Nunca somos tan nosotros mismos como en verano.









