Este 9 de julio, el santoral católico rinde un profundo homenaje a una de las figuras místicas más extraordinarias y singulares de la cristiandad, Santa Verónica Giuliani. Esta virgen italiana, perteneciente a la Orden de las Clarisas Capuchinas, consagró su existencia terrenal a la contemplación de los dolores de Jesús, participando de una manera íntima en los misterios de su Pasión. El camino de perfección mística y el legado de Santa Verónica Giuliani Nacida en la región de Urbino en 1660 bajo el nombre de Úrsula, demostró desde su más tierna infancia una intensa vida de oración y una madurez espiritual asombrosa. Pese a la firme oposición de su padre, quien deseaba un porvenir noble para ella, ingresó al monasterio de Città di Castello, adoptando el nombre de Verónica como signo de su nueva identidad religiosa. La incansable labor de San Juan Francisco Regis, el jesuita que transformó los campos franceses con su fe y caridad

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A lo largo de su reclusión, la santa experimentó visiones celestiales que la condujeron hacia la cumbre de la contemplación. El Viernes Santo de 1697 recibió el milagro de los estigmas, quedando grabadas en sus manos, pies y costado las llagas sangrantes del Redentor. Estas heridas físicas fueron examinadas exhaustivamente por médicos y obispos, quienes confirmaron su origen milagroso. Su diario espiritual, redactado por estricta obediencia a sus confesores, constituye una de las obras cumbres de la literatura mística universal. A través de miles de páginas, Verónica desplegó el milagro de la palabra, describiendo con minucioso detalle los combates espirituales que libraba, sus prolongados ayunos y la inmensa alegría de unirse espiritualmente al sufrimiento de Cristo por la conversión de los pecadores. La tradición eclesiástica resalta que, tras su fallecimiento, se produjo un prodigio asombroso certificado por los anatomistas de la época. Al examinar su corazón, descubrieron que los símbolos de la Pasión, como la cruz, los clavos y la corona de espinas, estaban literalmente esculpidos en el tejido cardíaco, demostrando físicamente el alcance de su amor y su caridad evangélica. La devoción actual hacia su figura se mantiene sumamente viva, siendo considerada una de las grandes místicas de la Iglesia junto a Santa Teresa de Ávila. Sus escritos continúan siendo objeto de estudio en los principales centros teológicos del mundo, destacándose su doctrina sobre el valor redentor del sufrimiento humano y la intercesión por las almas del purgatorio. Las oraciones a Santa Verónica Giuliani suelen implorar el don de la fortaleza espiritual y un amor ardiente por la Eucaristía. Los fieles acuden hoy a su auxilio celestial para solicitar paciencia ante las enfermedades corporales, pureza de intención en el servicio diario y la gracia de mantener una fe inquebrantable en los momentos de mayor oscuridad moral. Además de celebrar a esta gran mística capuchina, el calendario litúrgico conmemora hoy a los santos Mártires de Gorcum, defensores de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, y a Santa Anatolia, mártir de la fidelidad. La cristiandad se prepara también durante esta semana para celebrar la gran solemnidad de la Santísima Virgen del Carmen el próximo 16 de julio. En la Ciudad de Buenos Aires, los fieles pueden honrar su sagrada memoria y solicitar su intercesión en el Santuario Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, ubicado en el barrio homónimo (calle Esquiú 1374). En este emblemático templo, regenteado históricamente por la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, se venera con profundo afecto filial el legado de la santa.