Colindres (EFE).- La campaña del bonito está propiciando hasta el momento un resultado dispar en Cantabria, porque el sector de vivero -los barcos grandes de unos 15 pescadores- acapara la mayor parte de las capturas frente a la flota artesanal de cacea, con peores resultados pero obteniendo lo necesario para subsistir.
Y es que, mientras que los buques de cebo vivo están desembarcando en los puertos de 30.000 a 50.000 kilos de bonito tras unos cinco días de faena, la otra modalidad precisa de diez días para subastar 5.000 kilos.
Un revés para la flota de artes menores que tiene puesta su esperanza en esta última gran pesquería de la temporada, dado que la presencia de la caballa (verdel) en el Cantábrico fue prácticamente nula.
«Hay un sector que está agonizando desde enero y si este año no ha existido caballa todo apunta a que el próximo tampoco haya», ha lamentado en palabras a EFE el presidente de la Federación de Cofradías de Pescadores de Cantabria, Sergio Valle, quien confía en que se revierta la situación al quedar unas 23.000 toneladas de bonito por pescar, cerca del 80 por ciento de la cuota.
Las causas de que una técnica de pesca llene sus bodegas y a la otra le cueste puede deberse, en opinión de Valle, a un aumento de las temperaturas del agua que repercute en que el bonito prefiera comer el cebo de anchoa a los señuelos de plástico que imitan el nado de los peces pequeños utilizados en cacea.








