Obsequiarlas corresponde a una visión de la hospitalidad propia de nuestra cultura, hoy en retroceso

En sus bonitas cajas de lata, las galletas fueron durante décadas un regalo de los anfitriones a sus visitas y viceversa, y también para los convalecientes. Presentarse en casa de alguien con las manos vacías nunca ha sido una buena idea, y menos lo fue en una época en la que buena parte de la socialización formal sucedía en casa, por la tarde, con café y té, y las ineludibles galletas como acompañamiento de las bebidas y la conversación. Las costumbres han cambiado, pero las cajas de galletas sobreviven y el nuevo gusto por lo viejo las ha recuperado incluso en forma de meme: ¿quién no ha destapado una de esas cajas metálicas esperando encontrar unas ricas galletas de mantequilla y se ha topado con botones, hilos y agujas de coser?

Birba es una de las galleteras españolas que todavía sirve sus galletas en cajas metálicas. Mª Ángeles Moreno, directora de marketing de Galletas Camprodon, la empresa a la que pertenece Birba, explica que no tienen registro de la fecha exacta en que esto sucedió ni de quiénes fueron sus autores (se cree que importantes artesanos modernistas), pero calculan que sería hacia 1900, dado que el diseño de los surtidos Imperial y Camprodon de Birba es justamente de ese año. “En un inicio, todas las cajas eran de lata y eran retornables. Consumidas las galletas, los clientes devolvían las latas al establecimiento donde las habían adquirido y, este, a la casa madre. Como eran latas de metal forradas con papel, una vez usadas había que restaurarlas para que volvieran a estar en perfectas condiciones”. Aquí entraba en juego un antiguo oficio prácticamente extinto, el del latero, que tenía el importante rol de que aquellas cajas volvieran a estar como nuevas. “Ya fuera que la caja estuviera levemente deteriorada por golpecitos como si presentaba abolladuras o deformaciones más contundentes, el latero conseguía lograr su aspecto original”, dice Moreno. Después, se limpiaban y se volvían a forrar con papel Birba.