Crónicas de civismo derretido
«Hay algunos que en su casa desayunan un café bebido sobre el fregadero y media galleta que encontraron abierta desde el miércoles, pero que en un hotel necesitan dos huevos fritos, cuatro lonchas de beicon, tres salchichas, queso, jamón, sandía, yogur, cereales, un cruasán y unas tortitas con sirope»
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16/08/2026 a las 01:19h.
Los bufés de los hoteles demuestran que la civilización occidental es mucho más frágil de lo que pensábamos. Basta con incluir el desayuno en el precio de una habitación para que un señor que durante el resto del año dirige una empresa con doscientos empleados ... se pelee con una tostadora industrial y vigile de reojo los últimos huevos revueltos. El bufé tiene algo de experimento sociológico. A las ocho de la mañana todavía no hemos tenido tiempo de disfrazarnos de nosotros mismos. Bajamos despeinados, con la marca de la almohada y unas chanclas que jamás llevaríamos por nuestro barrio. Hay hombres con pantalón corto y calcetines, señoras elegantes metidas dentro de un mal humor y adolescentes que avanzan hacia los cereales con ganas de invadir Polonia.








