Los tradicionales lotes de alimentos van dando paso a otras opciones de regalo, entre los que triunfan los objetos tecnológicos y las experiencias

A Ruth Chamorro le hizo mucha ilusión cuando “muy jovencita” recibió su primera cesta de Navidad. Pero una vez pasados los instantes iniciales se encontró con un inconveniente. Cómo llevar el paquete desde la sede de su empresa hasta su casa en Metro, su medio de transporte habitual. La solución fue llamar a un taxi “asumiendo un gasto que se iba del presupuesto”. La responsable de negocio de la unidad de incentivos de Up Spain, firma de retribución flexible, recuerda entre risas al otro lado del teléfono esta anécdota personal para explicar cómo están cambiando los regalos navideños de las empresas para tratar de adaptarse “a las cinco generaciones que pueden llegar a coincidir en el entorno laboral”. “Hay distintas tipologías de empleados, no solo diferentes por edad, también por gustos, tipos de dieta o situación personal”.

Sostiene Chamorro que con la tradicional cesta de Navidad, las empresas hacen un esfuerzo, a pesar del cual el empleado puede que no se sienta escuchado, o piense que su empresa no le conoce. “Aquel regalo que era un ‘guau’ en el pasado, ahora ya no responde a todas las necesidades. Y cada vez hay una tendencia mayor a sustituir lo tangible por lo experiencial. A uno puede que le guste el salchichón, pero otro puede preferir ir a ver un espectáculo. Nuestra propuesta es dejar elegir, no imponer el regalo”.