Puede ser práctico y un acierto seguro meter unos billetes en un sobre, pero pocas veces esa transacción se convertirá en un recuerdo navideño

Quizás recuerdes la época en la que los novios hacían una lista de regalos de boda en unos grandes almacenes y te tocaba ir en persona a mirar el catálogo o los trastos y decidir si les comprabas la sopera, los cubiertos de plata o las copas de marfil. Con inocencia, pensabas que cada vez que ellos montaran un banquete y usaran esa vajilla resplandeciente se acordarían de tu generosidad y brindarían por ti. Aunque todos sabemos que, en la mayoría de los casos, la pareja cambiaba ese importe recolectado por tarjetas regalo o se compraba lo que quería en los mismos almacenes. Por eso, aunque le quitara todo el romanticismo, empezó a ser mucho más práctico que en la invitación de boda figurara el número de cuenta, y todos felices.

Dicho esto, los regalos de Navidad para los niños, ¿tendrían que beber de esta misma practicidad? ¿Sería mejor darles dinero? ¿O mantenemos la tradición de los catálogos, las cartas y los paquetes envueltos alrededor del árbol?

En el mundo estresante de hoy, todo tiene pros y contras, y aquí te doy razones para que te conformes con lo que ya haces o para que se imponga otra costumbre familiar.