Frente al consumismo de la época navideña, esta técnica pretende cubrir todas las necesidades del niño, pero desde un consumo responsable y consciente y sin quitar la ilusión
Con el inicio del mes de diciembre es inevitable comenzar a hablar de la Navidad y todo lo que se genera alrededor de estas fiestas. Es una época en la que la ilusión parece estar por todas partes y se contagia de unos ...
a otros en torno a unas costumbres muy arraigadas. Es momento de reunirse en familia y con amigos, de decorar los hogares, de comer dulces y de hacer muchos de los planes típicos navideños, tales como cantar villancicos, ver la iluminación de las calles o hacer la carta a los Reyes Magos. Y es que este es, sin duda, uno de los momentos más familiares del año. Pero también es tiempo de consumismo, de sobreestimulación a todos los niveles y bombardeo de información alrededor de compras, planes y otros imprescindibles que nadie parece querer perderse.
Uno de los aspectos que más esperan y desean los niños es el momento de escribir la carta a Papá Noel y/o los Reyes Magos, y las calles y tiendas ayudan (y mucho). Estas están llenas de anuncios que incitan a comprar o pedir, con catálogos y folletos por todas partes y llenas de todo tipo de objetos llamativos con luces y sonidos, muñecos, peluches que gritan: “¡Me necesitas, llévame a casa!”. Debido a todo ello, quizás sea momento de reestructurar el enfoque que se le ha dado a estas fechas y volver a centrarse en lo importante de la Navidad, educando a la infancia alrededor de unos valores claros y firmes. La regla de los cuatro regalos pretende ser ese método a seguir para poder incluir todos los aspectos mencionados anteriormente sin dejar de lado la ilusión de los más pequeños.






