Actualizado 09/07/2026 - 09:14h.

En la cumbre de la OTAN de Ankara (Turquía), el presidente de Estados Unidos ha demostrado públicamente que no olvida el personaje que ha creado. Al contrario, lo mantiene vivo y lo refuerza con manifestaciones que empezaron siendo sorprendentes para pasar a ser ofensivas y acabar siendo simplemente cansinas. No dejó pasar la oportunidad que le brindaba la cumbre atlántica para atacar de nuevo a España con amenazas de segunda y tercera mano, con quejas por deslealtad que luego no se corresponden con la buena relación que mantienen las Fuerzas Armadas de ambos países. Que el Gobierno socialista ha encontrado en Trump la muletilla internacional que necesita es algo incuestionable, pero España no es Sánchez, afortunadamente, y las palabras del presidente republicano parecen no reparar en esa diferencia.

Trump sigue jugando con Groenlandia, reclamando ponerla bajo control militar estadounidense, como si fuera una colonia del siglo XIX a merced del reparto entre potencias. La primera ministra danesa dijo lo que tenía que decir: que Groenlandia no se toca. No menos impertinente fue el mensaje en redes sociales en el que Trump pedía un orden de alejamiento para Giorgia Meloni, acompañando su gracia de mal gusto con una foto en la que la primera ministra italiana ponía un gesto amable al republicano. No más amable, desde luego, que la actitud complaciente –y quizá necesaria– del secretario general de la OTAN, Mark Rutte. El humor machista es otro activo irrenunciable de Trump, quien reserva sus mejores maneras para los conspicuos representantes del chavismo más duro y represor, como Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello.