Donald Trump volvió a sembrar la confusión en la cumbre de la OTAN, que ayer concluyó en Ankara (Turquía), con sus acostumbradas ofensas gratuitas a los líderes y con mensajes contradictorios. No es la primera vez ni la será la última. Pero Europa no puede limitarse ni a la adulación ni a la parálisis ante sus comportamientos. La respuesta obliga a los europeos a blindarse ante el caos trumpista y ante su voluntad repetidamente demostrada de destruir los principios de la Alianza, y a acelerar para ello el esfuerzo hacia una verdadera autonomía respecto a Washington.En Ankara Trump conjugó gestos extemporáneos con actitudes amistosas; palabras destructivas para la OTAN con compromisos que, al menos sobre el papel, reafirman los principios de la organización. Volvió a la carga con la amenaza de anexionarse el territorio de un país aliado como es Groenlandia, se lanzó contra Alemania, Francia, Reino Unido e Italia por criticar su fracasada guerra contra Irán, y habló de “mala gente” para referirse a España antes de usar una expresión parecida, “gente enferma” para calificar a los iraníes. Pero, en la misma reunión en la que parecía que iba a romperlo todo, prometió ayudar a Ucrania permitiéndole fabricar misiles Patriot, firmó un documento que subraya la obligación de la defensa mutua, y acabó dedicando palabras amables a los mismos que, horas antes, había insultado. Quien quiera entender que lo entienda, pero hay una lección en esta y otras cumbres, y es la necesidad de aumentar el peso, la responsabilidad y el liderazgo de Europa en la OTAN, y la urgencia por desarrollar unas fuerzas armadas y unas capacidades de inteligencia, tecnológicas y disuasorias autónomas para no depender de los caprichos de Trump ni de su estrategia destructiva para la confianza transatlántica. Es un cambio de fondo, que en realidad ya ha empezado. La inversión en defensa de los europeos se ha duplicado desde 2018, de unos 243.000 millones de euros a 490.000 millones en 2025. Y el salto ha sido mayor aún en España, país criticado por Trump, aunque ha pasado en ese mismo período de unos 11.600 millones de euros a más de 30.600 millones.Pero la UE deberá acelerar el paso si quiere evitar que esta OTAN más europea acabe siendo un apéndice de los intereses estratégicos e industriales de EE UU. Es lo que ocurre ahora con el aumento del gasto militar. Las compras europeas de armamento estadounidense se han elevado de unos 8.700 millones de euros en 2020 a más de 47.000 millones en 2025. Para Trump sería un éxito mantener su vaga promesa de protección a cambio de una factura multimillonaria con cargo de otros. Y para los europeos representaría un despilfarro que solo prolongaría la incertidumbre actual, el sometimiento a los humores del actual inquilino de la Casa Blanca, y en el futuro, a los intereses geopolíticos de Washington y no los propios de Europa.
Europa ante los humores de Trump
Los insultos y contradicciones del presidente de EE UU en la cumbre de la OTAN obligan a los europeos a acelerar el camino hacia la soberanía respecto a Washington











