Las grandes cumbres de la Alianza Atlántica se han convertido en un puro ejercicio de contención de daños, en un esfuerzo por evitar la confrontación con Donald Trump, presidente de Estados Unidos, mientras que, a nivel técnico, las cosas siguen, de forma discreta, funcionando y avanzando. La cumbre que se celebra este martes y miércoles en Ankara (Turquía) es un intento por consagrar la europeización de la OTAN, reduciendo al máximo el daño político que puede provocar un presidente estadounidense del que desconfían profundamente sus aliados transatlánticos. La OTAN se ha convertido en una organización de ‘dos volúmenes’. En uno, discreto, bajo, que mantiene la lealtad transatlántica de los últimos setenta años, los mandos y técnicos americanos trabajan con sus colegas en una transición hacia una Alianza en la que los europeos asumen las funciones de disuasión tradicional. Es el que habitualmente representan Marco Rubio, secretario de Estado, y Eldridge Colby, número dos del Pentágono. En el otro, estridente, agresivo, mediático y acaparador de los focos, Trump, acompañado de los sectores más duros de su administración, entre ellos Pete Hegseth, secretario de Defensa, mantiene un nivel de tensión muy alto con los aliados, con amenazas, señalamientos y ataques. En el primer volumen todo está funcionando como estaba previsto, y se avanza, incluso más rápido de lo previsto, hacia el objetivo. Es la llamada “OTAN 3.0”, en la que los aliados europeos se encargarán de la disuasión convencional, mientras que EEUU, concentrado en otras prioridades, mantendrá su paraguas nuclear. Pero esa es la etapa final de un proceso de europeización, durante el cual la confianza entre Washington y sus aliados transatlánticos sigue siendo fundamental. Por ahora, en todo caso, está funcionando: mandos europeos ya se han puesto al frente de Centros de Mando Conjunto antes liderados por estadounidenses, y la decisión de Washington de reajustar su contribución al llamado “Modelo de Fuerza, algo así como un inventario con todas las capacidades a disposición de la Alianza para enfrentarse a un conflicto, también se ha gestionado de forma calmada. TE PUEDE INTERESAR Alexus Grynkewich, comandante supremo de las fuerzas aliadas, o SACEUR en el argot otanístico, ya ha explicado que los socios europeos y Canadá han cubierto la mayoría de huecos que EEUU ha dejado en el llamado “Modelo de Fuerza” de la Alianza, una especie de inventario con las capacidades críticas que necesita el club para defenderse militarmente. Algunas de esas brechas, admite Grynkewich, todavía no se han podido cubrir, pero los aliados europeos ya están trabajando en alternativas. “En cuestión de semanas, los aliados europeos han cubierto en gran medida las carencias dejadas por los recortes estadounidenses en el modelo de fuerzas de la OTAN”, ha señalado el comandante estadounidense. Trump sigue presionando Pero a nivel político la tensión sigue ahí. Los aliados no olvidan las repetidas amenazas por parte de Trump respecto a sacar a EEUU de la OTAN, o los agresivos ataques de Hegseth, que han continuado también durante la última reunión ministerial de Defensa, incluso cuando la organización avanza hacia el objetivo de una “OTAN 3.0” marcado por la misma Washington. Especialmente traumáticas para los líderes europeos fueron las amenazas respecto a la posibilidad de anexionarse Groenlandia, dependiente de Dinamarca, incluso haciendo uso de la fuerza. En los últimos meses, la fuente de tensión principal ha sido la negativa de los aliados europeos a ayudar a EEUU en sus operaciones contra Irán, de las que la Casa Blanca no había informado al resto de la OTAN. A raíz de ello, Trump lanzó en varias ocasiones la idea de una salida estadounidense de la Alianza Atlántica. Fuentes aliadas confían en que el final de las hostilidades de Washington contra Irán facilitará un ambiente más distendido durante la cumbre, aunque otras consideran que es difícil evitar que el asunto vaya a estar sobre la mesa. TE PUEDE INTERESAR Trump ha seguido presionando en los últimos días, atacando a los líderes de distintos socios europeos y estableciendo una dinámica novedosa en la Alianza: la expectativa de que los miembros del club se alineen con sus intereses y decisiones unilaterales. Recientemente, el presidente lo ha expresado de forma muy clara, señalando que no “necesita” el dinero de los europeos de la OTAN. “Solamente necesito su lealtad”, ha explicado. La cumbre tiene una palabra clave, que es burden shifting, desplazamiento de la carga. EEUU deja de hacer cosas que ahora tendrán que realizar los europeos. Es el siguiente paso lógico después de que la cumbre del año pasado, en La Haya, fuera la del burden sharing, compartir la carga. En junio de 2025, los líderes acordaron aumentar de forma espectacular su gasto en defensa, hasta situarlo en el entorno del 5% del PIB. Ese dinero sirve para financiar este nuevo reparto de responsabilidades. Todo este ejercicio se basa en la sostenibilidad de este sistema de dos volúmenes, en el que la Alianza puede seguir funcionando de forma adecuada en los niveles técnicos, mientras que a nivel político Rutte contiene a Trump. La cumbre de Ankara es una prueba crucial para el mantenimiento de este modelo en un entorno de profunda desconfianza europea hacia la actual administración estadounidense, que tocó fondo durante la crisis de Groenlandia de principios de año. Las grandes cumbres de la Alianza Atlántica se han convertido en un puro ejercicio de contención de daños, en un esfuerzo por evitar la confrontación con Donald Trump, presidente de Estados Unidos, mientras que, a nivel técnico, las cosas siguen, de forma discreta, funcionando y avanzando. La cumbre que se celebra este martes y miércoles en Ankara (Turquía) es un intento por consagrar la europeización de la OTAN, reduciendo al máximo el daño político que puede provocar un presidente estadounidense del que desconfían profundamente sus aliados transatlánticos.
La OTAN europea está cumpliendo lo que le pide Trump. Pero aún todo puede saltar por los aires
Los miembros de la Alianza militar se reúnen bajo la amenaza de los ataques del presidente de EEUU en un momento en el que la organización busca, de forma discreta, seguir funcionando










